Menos es Más; autenticidad a bocados

La sencillez es una virtud o cualidad apta a darse en personas o cosas; algunos la definen como la “celebración de lo pequeño”, así, las personas sencillas acostumbran a ser humildes, a disfrutar de las pequeñas cosas y están abiertas a la espontaneidad. Si llevamos esta virtud al ámbito gastronómico, nos centramos en el respeto al producto, en conceptos honestos, en elaboraciones sencillas. En ambos casos, los resultados suelen ser atractivos y extraordinarios, apareciendo la palabra “calidad” acompañada de armonías en equilibrio.

Al igual que una persona sencilla, segura de sí misma, no necesita de florituras que la enmascaren, tiene luz propia, el producto (ingredientes, materia prima) de calidad necesita muy poquito para ser un auténtico placer. Lo que no significa que se pueda acompañar y presentar según ambientes y gustos; hay que saber sacarle el mejor partido y, a veces, es todo un reto “mejorar la sencillez sin quitarle el protagonismo”.

Como ves, hoy la reflexión va de personalidades y cocina, no por casualidad, sino por consecuencias de dos sitios en los que estuve esta semana. Encontré parentesco en los conceptos, en la experiencia y en las sensaciones vividas. Te las resumo con la pausa justa.

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Click por aquí, Click por allá

¿Has pensado todo lo que puede conllevar un click? Desde cumplir un sueño, encontrar una oferta laboral o incluso el love de tu vida…

Hoy no me apetece hablar de gastronomía, tampoco tengo nuevos sitios que recomendar, pero sí que quiero darle su espacio a la reflexión habitual de los domingos. Esta semana un click, si todo sale bien, me llevará a cumplir otro de mis sueños; estuve haciendo un brainstorming conmigo misma y he aquí el story telling “podríamos decir” de mi reflexión.

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Experiencias entre panes y algo más

Vuelve  a ser domingo y Sinestesia me reclama. Quedé en la tarde, sigo tachando encuentros  pendientes, apetecibles. Me olvidaré del precioso día que hace que me está diciendo “callejea, callejea, piérdete por las calles de Madrid y sal a curiosear”.  Intentaré salir antes de que el sol se esconda y asunto arreglado.

Esta vez, voy a hacer un mix de momentos con buena miga que reflejan tradición, innovación, autenticidad y emprendimiento. Me dejaron sensaciones parejas a la historia de aroma que te cuenta un buen pan recién salido del horno. Hoy, tú, lector, estarás compartiendo un trocito de pan conmigo y yo encantada con ello ¡Bienvenido!

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El Azar ¿Umami o Frenesí?

Nada pasa porque sí o, al menos, es mi filosofía de vida; llegan cosas sorprendentes que nos hacen vibrar, de alegría, de tristeza a veces, pero así es esto y así va a seguir siendo. Personalmente, me acompañan un cúmulo de “casualidades” bastante considerable: azar, destino, deseos cumplidos… Un mix diría yo. 

Mi historia con mi amiga Steffi es debido al azar y a mi instinto –no te la voy a contar, si algún día te tomas un café conmigo y te acuerdas, pregunta, jaja-. El caso es que gracias a ella, ayer, tuve la oportunidad de celebrar el Año Nuevo Chino 2019, en un encuentro muy cosmopolita; una neoyorkina, dos de California, otra de Philadelphia, Steffi de Indonesia y yo, la extremeña.

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A contraluz, historias en taza o cuenco

Domingo, no entran rayos de luz, el atardecer se avecina; el frío, en parte, perfiló mi fin de semana y, satisfecha, lo cierro con un café y una milhoja de dulce de leche y almendras. Hacía un día espléndido, decidí aislarme en la tarde y pasear sin rumbo en la mañana.

Llegó Febrero y quiero que más cafés pendientes se den. En estos tiempos, todos corremos, vamos acelerados, el día a día nos aisla, en muchas ocasiones, de nosotros mismos, de ratos amenos con amigos o incluso llamadas de larga conversación. El whatsapp, un mensaje, no es la solución, eso es lo fácil.

Caramba Raquel ¿Qué haces? ¿Estás rallada? Quizás estés pensando eso, jajaja… Estaba reflexionando en alto, pensando en las últimas experiencias, entre cafés, pizzas surrealistas y ramen de rebote. Dicho esto, comienzo mi narrativa dominguera.

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Esencia en Restauración ¡Tu mejor baza!

Aquí estamos, de nuevo en domingo, tecleando y, hoy, sí voy a hablar de gastronomía con mis incisos habituales, llamémoslos reflexiones, cuando me plazca. Me centraré en dos nuevos sitios que visité en diciembre aplicando la visión de 360º -o esa es mi intención, jeje-.

El gigante de la restauración sigue creciendo, nuevos sitios emanan constantemente como champiñones, unos, réplicas de modelos importados de la gran manzana neoyorkina u otras ciudades cosmopolitas “si allí triunfa, triunfa aquí” (suele ser así, salvo excepciones); otros, en línea con las tendencias (lo healthy, el trash-cooking, poke & Buddha bowl, neotabernas, locales de barra y un largo etc) y, cómo no, entre los clásicos, también aparecen nuevos conceptos o simplemente “casas” que tienen personalidad.

Cuando conoces a una persona auténtica se nota y decimos eso de “que crack, qué chico/a tan peculiar” y eso mola ¿No? Pues en los restaurantes pasa lo mismo; si tiene esencia y lo sabe trasmitir, se siente, cala y si lo logras, da por seguro que el cliente-comensal se convertirá en tu mejor prescriptor, no solo volverá, te recomendará.

Personalmente, me gusta ir probando sitios de todas las categorías; puedo salir la mar de contenta tras comer un bocata de calamares en un bar a pie de calle, y salir con cara de póker de mesas con “en teoría” más caché. Influyen muchas cosas… y ya sabemos todos “esas dichosas expectativas” el papel que juegan en todo esto. Por eso, cuenta lo que eres y actúa en consecuencia. Esto es lo que hacen en La Despensa y en Palo Cortado y, a continuación, resumo mi experiencia.

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Sin Sombrero; sazón de quita y pon al gusto

Hola querido lector/a; tras algunas ausencias dominicales, ya sabes que escribo con apetito y  sobre despensa, si no tengo nuevas cosas de interés ni inspiración, dejo fluir hasta que llegue una nueva historia con chicha. En Navidad, casi seguro que desconectaré de todo, así que, este post, probablemente, sea el último de este año que ya está llegando a su fin.

Ahora, en común a todos, las comidas de navidad, las preliminares, con compis del trabajo, los amigos de siempre y , las familiares, normalmente, los días 24, 25 y 31. Seguro que ya has disfrutado de alguna o te caerá en breve. En mi caso, el pasado viernes,  tuve la comida de empresa en Sin Sombrero y, oye, valga la redundancia ¡Pa quitarse el sombrero! Una experiencia genial que detallaré ligeramente, entre consejos de buena práctica.

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El descorche y el infortunio, Efectos Cognitivos

Las sinestesias de los domingos han sido aparcadas, digamos que se han tomado un break por dos semanas; es una de las ventajas de la “no obligación” de disfrutar de un hobby sanamente, escribir por placer, con apetencias, con inspiración. Dirás… ¿Cuál es la recompensa? Para mí, no es otra que la satisfacción de compartir experiencias que me han alimentado de forma plena, compartirlas contigo y que las disfrutes leyendo -con vistas a darle realidad a esos feelings y que un día las sincronices haciéndolas tuyas-. Con suerte, te dejarán buenos recuerdos. Si eso se cumple, ya está, ya tiene sentido ser Sinestesia Gastronómica los domingos.

Bueno, qué decir, me crucé con algún desafortunado, mejor dicho “desafortunada yo, jaja” hace dos fines de semana. Me quitaron el móvil ¡Una putada con mayúsculas! Más allá de lo económico, es el tiempo perdido en poner todo al día y, para mi mala suerte, los contactos los he perdido. De todo se aprende y, ahora, “sincronización en google desde el primer momento; te lo aconsejo, por si aún tú no lo tienes”. En fin, qué rollo patatero te estoy soltando, por favore, jajaja… Pero viene al caso eh, jeje… De la rabia, la verdad, no me apetecía escribir, así que, me di un respiro, he dejado de estar on line un poco y, en breve, volveré a estar con mi rutina bloguera. Se abre el telón de nuevo.

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La Sin Reserva, entre Gotas, Ceviches y Pisco Sours

Otra semana que se esfuma. Últimamente parece que los fines de semana se conectan con un leve paso de cebra, llegan los viernes en un pispás y el finde se convierte en un kit kat con su dulzor rápido y placentero. Debe ser porque no paro quieta, jeje… Lo veo algo positivo, pero si que es verdad que, de repente, te entran unas ganas tremendas de desconexión, eso o que el cuerpo, te dice “nena, para un poco no”. Este finde pretendo estar de relax, gracias medio catarro por obligarme a un reposo “hogarcil”.

Me espera una semana de mucho Rock & Roll, así que vamos a intentar hacer una pausa. Entretanto, retomo el blog; sí, el pasado finde no hubo gastro-sinestesias, pero me voy a trasladar al sábado pasado, 20 de octubre, para recomendaros un restaurante que me gustó mucho y daros algunos consejos prácticos para disfrutar de una noche a medio plan.

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Ensalada Mixta Contemporánea “al buen rollo”

¿Qué tal? Imagino que, descansando, de vuelta de un viaje, de resaca, trabajando o al rico ocio de los domingos, cada cual con su plan. Yo no tenía ni idea de qué haría este puente, pero una cosa tenía clara “en casa no me quedaba” y la única condición era “pasárselo bien y desconectar”. Ha resultado tan molón que te lo voy a cascar “en fresco” y con toda su sabrosura.

Veganizando por Chamberí: Yantén Veggie Bar

El viernes estuve ideando varias opciones para la tarde noche y las apetencias oscilaban entre cena Mexicana con cóctel de Mezcal o restaurante vegetariano y visitar la Mezcaloteca, Maceras o el Dry Bar. Luego, lo que la noche deparara. Al final, optamos por el vegetariano, así que, de entre las opciones en mente, elegí Yantén Veggi Bar (C/ Cardenal Cisneros, 40). No soy vegana, pero me gusta probar cosas distintas y, la verdad, las veces que he comido en un vegano/vegetariano, he salido contenta. Leí varias opiniones, miré la carta de los tres que tenía en mente y la intuición me llevó al Yantén, parecía comida casera, sabrosa, en un bar sin pretensiones decorativas.

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