Conexiones Pragmáticas “al dente”

Nos cruzamos con un sinfín de personas a lo largo de nuestros días y solo conectamos con unos pocos en función de nuestra química y nuestra personalidad. Es curioso, pero el feeling de la conexión o “la intuición” no suele fallar, se sabe desde el primer momento –claro está, también hay excepciones-.

Honestamente, no sé por qué me puse a escribir de esto, pero este título asaltó mi despertar de forma espontánea y dije “por qué no…”. Por no perder tradición, voy a ver si puedo conectar esta reflexión con las cosas del comer.

Las conexiones se pueden dar de distintas formas y evolucionar con ritmos muy distintos. Así, puedes sentir atracción o ganas de conocer a alguien con quien coincides, sin haber entablado conversación, o cruzar palabras con una persona y “quedar pendiente un café para conocerse un poco más”. No me voy a meter en las conexiones virtuales (que están a la orden del día) ni en las clásicas que todos tenemos desde la infancia.

Vaya… pues pasa algo similar en la relación con los restaurantes ¿No? Algunos nos llaman la atención porque su oferta nos atrae; otros “probamos algo” y dejamos pendiente “volver” porque nos encanta.

De todo este rollazo, lo mejor es conservar, en ambos casos, las conexiones “al dente”, es decir, en su punto, no dejarlas antes de tiempo ni permitir “si merecen la pena” que se pasen o mejor dicho “sean pasajeras”. Al dente, vivas, en acción, en quedadas continuadas. Esos momentos son únicos e irrepetibles, no regresan, pero puedes saborearlos en el recuerdo, van formando parte de ti.

Dicho esto, te dejo algunos encuentros GastroMolones que podrían etiquetarse “al dente”.

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El Sabor y su Flow; Mood en Movimiento

A veces, me despierto aunando palabras y me repatea bastante -suele ser un kit kat en la noche, lo que quiere decir que el sueño se ha interrumpido-. ¿El porqué? Ni idea, ya me gustaría saberlo, le atacaría y dormiría mejor, jejeje –dormir bien es sano y no todo el mundo es de buen dormir; afortunados los premiados-. El caso, el otro día, me vino esta frase a la mente “la Percepción del sabor, como la Reflexión, es una intermitencia aparentemente controlada” y quiero invitarte a reflexionar conmigo. Si la desgranamos bien, puede abarcar tantas cosas que el debate sería interminable. Voy a lanzar mi visión y os dejo el resto.

El sabor de las cosas es uno y, a la vez, son miles; cada persona capta el suyo e incluso para la misma persona, el mismo sabor, puede ser más o menos acentuado en función del día, en función de su Mood (estado de ánimo). El concepto de bueno o muy bueno también va en línea y, claro, también depende de cada cuerpo/cada mente (es una máquina única); por poner un ejemplo, la misma tarta te puede resultar exquisita un día y, al día siguiente, “normalita”; influirá el hambre y el apetito que tengas junto con la actitud que tengas en el momento.

Pero ¿Qué quieres decir con el flow del Sabor Sinestesia? El Flow del Sabor será ese momento en el que lo que percibes conecte realmente; entonces “el sabor del plato” estará en su punto álgido, con su mayor concentración de connotaciones y será cómo no “la gozadera del presente que lo experimente”. Cuando el flow y el mood se dan la mano, exprímelo y goza. Se me va un poco ¿No? Puede ser ¡Qué le vamos a hacer!

Tras estas corrientes de pensamiento o vaivenes, engancharé unas cuantas vivencias donde experimente el Flow-Mood al completo.

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¿Puzle o laberinto?

Vuelve a ser domingo y, para empezar, no sé a santo de qué mis ojos se abren a las 5.45 am, ¡Vaya putada! Ilusa de mí, pensé que iba a dormir de nuevo pero ni modo. Horas más tarde, toca reencontrarse con Sinestesia; aquí estoy, dispuesta a dar paso a la reflexión o aperitivo que te dejo cada semana. 

Intentaré desgranar la respuesta al interrogante inicial y, si no es mucho pedir y me estás leyendo, me encantaría tener tu feedback. Cada persona llega a este laberinto con su cajita, llena de piezas únicas que le permitirán crear su puzle. Como en todo, hay ciertas pautas y reglas que te ayudarán a crear la obra con más agilidad, pero no todas las reglas son válidas para todos, ni todos tenemos que seguir la misma dinámica.

Al final, tarde o temprano, todas las piezas encajan y, como en un rompecabezas, piezas claves emergen, te dan visión de campo y avance. Así me gusta ver la vida; el laberinto lo dejo para esos momentos en los que uno se siente perdido y, en ellos, como en el laberinto, sabes que la salida te está esperando; en la vida, la clave, pensar que lo mejor está por llegar. 

No sé si piensas que estoy majareta, puede ser, pero me gusta conjugar mis reflexiones con metáforas variopintas y, desde hace años, recurro a la teoría de los puntos de Steve Jobs para los análisis vitales: «No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro.

Tras este sencillo y complejo snack, doy paso a la sección gastronómica ¡Toma nota!

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Sabor Intermitente; Umami Natural

Con este título, lo sé, estarás pensando, la sinestesia hoy irá con temas asiáticos o algún restaurante japonés. Eso sería la vía fácil, pero no sería Sinestesia. Así que, permíteme una dosis de reflexión para iniciar las aventuras de hoy ¡Tómalo como el aperitivo!

Desde pequeña, sin saber por qué he tenido una conexión especial con los sabores, siempre preguntando los ingredientes de las recetas y enredando cuando mi madre me dejaba. Ya te lo conté en alguna ocasión (mi evolución); no es extraño que constantemente “mi creatividad” crezca en las cosas del comer, en todo aquello que guarde relación  con el Hecho Gastronómico. El motivo, fácil; la pasión es siempre palpable, memorable.

¿Te has parado a reflexionar sobre tu trayectoria, tu evolución? Yo sí y, para variar, las etapas son identificables con los sabores. En general, los comienzos suelen tener un sabor neutro y ácido con altas cargas dulces; te falta experiencia, en muchos casos, demasiado ignorante o dormido/a, cualquier pequeño problema te causa acidez y las chuminadas te dan alas “carga dulce extra”. Creces o despiertas y empiezas a apreciar el sabor de la intermitencia: este podría ser el sabor de la sorpresa, seguramente, el más sabroso, el umami natural.

Llamo sabor intermitente a la etapa en la que tienes cierta madurez, has vivido cosas muy buenas y cosas muy malas, has crecido, evolucionado, vives al día siendo consciente de la importancia de cada minuto, te ríes porque sí y te dejas llevar ante el encanto de la incertidumbre. Dejas las expectativas a un lado, vives con ilusión pero no te ilusionas vagamente. Este aditivo puede o no estar siempre, ahora es la etapa en la que me muevo y la disfrutaré con esmero. Dices sí y te contentas hasta que dé luz roja o verde.

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El mejor Relleno de tu Bocata

Pasado un mes ¡Vuelven las sinestesias! Escribir los domingos es un hábito que comencé en el 2009, he sido constante salvo cambios de vida que me llevaron a aparcarlo por momentos. Entre viajes, semana santa y festivos, cero asentamiento para teclear o, mejor dicho, no me ha apetecido. Un hobby es para disfrutarlo. Dicho esto, te preguntarás qué te voy a contar con un título así; da rienda suelta a tu creatividad… Mientras, te dejo mi reflexión.

Suelo tener mi instagram (IG) como “agenda” de sitios visitados para tenerlos de referencia cuando escribo (ese es mi fin, a parte de dar gracias a los protagonistas que me van brindando placeres chulos). Acabo de ir a mi IG y me he dado cuenta (aunque era ya consciente) de que faltan un montón de vivencias de los últimos días. Compartir momentos se ha convertido en el relleno de momentos vacíos o de ocio de followers que siguen tu perfil. Pero, amigos/as, tu “bocata” es para ti, tú te lo montas, lo disfrutas y lo recuerdas si lo merece. Si ese “relleno” es molón es genial compartirlo para que otros puedas montarlo y disfrutarlo. En este sentido, mi reflexión va ligada con los matices que pierdes en la situación real prestando atención a lo virtual.

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¿Qué hay de Umami en ti?

Antes de sentarme y enfrentarme con el teclado, he desayunado, y te importe o no, banana bread que hizo mi compi Steffi, lo que llamamos bizcocho de plátano y chocolate que, por la textura, podría decir que se acerca al brownie.

Tomé, un trocito solo, y, otro, “llámame doña mezclita” con un poco de crema agria, pimienta y canela (quería ver el contraste; buenísimo en ambos casos). Acto seguido, me pregunté y… de qué escribo hoy.

De los sitios visitados últimamente, de dos –me gustaron- quiero contarte; más allá de eso, el fondo, el viaje de la felicidad con o sin umami. ¿Compartes unos minutos conmigo? Toma asiento.

Antes de pasar a lo gastronómico, me gustaría hacer un pequeño inciso de reflexión; viajar conlleva a un “open your mind” (primera frase que oí al aterrizar en Zimbabwe), pero esto no llega solo ni con los viajes, si, primeramente, no das el primer paso: el viaje contigo misma, el abrirte a tu interior y saber qué quieres. En mi caso, mi sonrisa se vio perjudicada o, mejor dicho, evolucionó, se adaptó, pasó a cobrar sentido ¿Por qué? Si llegas al final, lo sabrás, jajaja… Curiosidades.

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Menos es Más; autenticidad a bocados

La sencillez es una virtud o cualidad apta a darse en personas o cosas; algunos la definen como la “celebración de lo pequeño”, así, las personas sencillas acostumbran a ser humildes, a disfrutar de las pequeñas cosas y están abiertas a la espontaneidad. Si llevamos esta virtud al ámbito gastronómico, nos centramos en el respeto al producto, en conceptos honestos, en elaboraciones sencillas. En ambos casos, los resultados suelen ser atractivos y extraordinarios, apareciendo la palabra “calidad” acompañada de armonías en equilibrio.

Al igual que una persona sencilla, segura de sí misma, no necesita de florituras que la enmascaren, tiene luz propia, el producto (ingredientes, materia prima) de calidad necesita muy poquito para ser un auténtico placer. Lo que no significa que se pueda acompañar y presentar según ambientes y gustos; hay que saber sacarle el mejor partido y, a veces, es todo un reto “mejorar la sencillez sin quitarle el protagonismo”.

Como ves, hoy la reflexión va de personalidades y cocina, no por casualidad, sino por consecuencias de dos sitios en los que estuve esta semana. Encontré parentesco en los conceptos, en la experiencia y en las sensaciones vividas. Te las resumo con la pausa justa.

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Click por aquí, Click por allá

¿Has pensado todo lo que puede conllevar un click? Desde cumplir un sueño, encontrar una oferta laboral o incluso el love de tu vida…

Hoy no me apetece hablar de gastronomía, tampoco tengo nuevos sitios que recomendar, pero sí que quiero darle su espacio a la reflexión habitual de los domingos. Esta semana un click, si todo sale bien, me llevará a cumplir otro de mis sueños; estuve haciendo un brainstorming conmigo misma y he aquí el story telling “podríamos decir” de mi reflexión.

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Experiencias entre panes y algo más

Vuelve  a ser domingo y Sinestesia me reclama. Quedé en la tarde, sigo tachando encuentros  pendientes, apetecibles. Me olvidaré del precioso día que hace que me está diciendo “callejea, callejea, piérdete por las calles de Madrid y sal a curiosear”.  Intentaré salir antes de que el sol se esconda y asunto arreglado.

Esta vez, voy a hacer un mix de momentos con buena miga que reflejan tradición, innovación, autenticidad y emprendimiento. Me dejaron sensaciones parejas a la historia de aroma que te cuenta un buen pan recién salido del horno. Hoy, tú, lector, estarás compartiendo un trocito de pan conmigo y yo encantada con ello ¡Bienvenido!

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El Azar ¿Umami o Frenesí?

Nada pasa porque sí o, al menos, es mi filosofía de vida; llegan cosas sorprendentes que nos hacen vibrar, de alegría, de tristeza a veces, pero así es esto y así va a seguir siendo. Personalmente, me acompañan un cúmulo de “casualidades” bastante considerable: azar, destino, deseos cumplidos… Un mix diría yo. 

Mi historia con mi amiga Steffi es debido al azar y a mi instinto –no te la voy a contar, si algún día te tomas un café conmigo y te acuerdas, pregunta, jaja-. El caso es que gracias a ella, ayer, tuve la oportunidad de celebrar el Año Nuevo Chino 2019, en un encuentro muy cosmopolita; una neoyorkina, dos de California, otra de Philadelphia, Steffi de Indonesia y yo, la extremeña.

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