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RESTAURANTE JAPONÉS NAOMI

Sentirse en casa “a la nipona”,
hogareño para visitar y disfrutar

Primer domingo del mes de mayo, día de la madre, sol radiante, terrazas a rebosar, tapa y caña que no falte. En este contexto os contaré mi experiencia de ayer noche. Teníamos reserva para cenar en Naomi (C/ Ávila, 14. tel. 915 722 304) y allí estábamos con puntualidad inglesa a las 11 de la noche. He de decir que este restaurante cumplió en septiembre 34 años desde su apertura en la capital, siendo pionero en introducir el sushi en Madrid.

Llevaba días con “antojo” de comida japonesa, además, hace ya unos meses que me hablaron del restaurante Naomi. Me dijeron que había un restaurante típico nipón por el barrio de Tetuán y que merecía la pena visitarlo. Lo que no me podía ni imaginar era que a diario pasaba por la puerta del susodicho, ni me había percatado de que eso era un restaurante, ¡a dos pasos de mi casa lo tengo! La fachada pasa totalmente desapercibida, parece el portal de una casa, a excepción del cartel que se vislumbra en la puerta –por lo visto, estos carteles son el DNI de los restaurantes japoneses-.

Al abrir la puerta “de la casa” pasas a un pasillo muy pequeño, como un recibidor, la segunda puerta te adentra en el restaurante. Sorprende por su sencillez, es como las casas de comidas de antaño –un tanto cutre se puede decir, pero ahí está su encanto-. No hay lujos, ni casi espacio y tres posibles formas de sentarte: en la barra con taburetes, al más puro estilo oriental “mesas bajitas con cojines y sin zapatos” y en mesas a lo español. Nosotros tuvimos suerte, no tocó la zona vip, frente a la barra en las mesas japonesas, ya estaba emocionada y aún no había comenzado la aventura.


Para en empezar nos trajeron una tapa de atún macerado en soja, que disfrutamos con unas cervezas japonesas; yo me pedí la más suave “Asahi” y Mario optó por una más fuerte “Kirin”. Ojeamos la carta teniendo claro que sashimi teníamos que pedir. Así que al final nos inclinamos por unos tallarines de soba al curry, sashimi variado, temakis y de postre , helado de judía roja acompañado con infusión de té verde. Bueno, nuestro viaje oriental comenzaba con el manejo de palillos “menos mal que en casa acostumbramos a comer con éstos cuando el plato lo merece”, pero había que comer tallarines, uy uy… Prueba superada. Estaban buenísimos, intenso sabor a curry y un tanto picantes, poca cantidad. A continuación, llegó el esperado sashimi: pescado crudo cortado finamente de salmón, atún rojo y lubina acompañados con wasabi, jengibre, rábano rallado y salsa de soja. Excelente el sabor del pescado, se deshacía en la boca. Después llegaron los temakis de toro (el rey de los atunes); éstos se comen con la mano, son una especie de cucuruchos de alga rellenos de arroz y otros ingredientes (atún en este caso). Nos dijeron “comer con mano y mojar en soja” y así hicimos. De postre probamos el helado de judía, queríamos probar el de sésamo pero estaba agotado; muy bueno el sabor, pero no estaba bien conservado, tenía algunos trocitos de hielo, aunque al ser casero pudiera ser que no le añadieran glucosa “ésta evita la cristalización del helado”.

La carta de Naomi es suficientemente amplia “ya que todos los platos son tradicionales y al más puro estilo japonés” –otros restaurantes de la capital introducen recetas más novedosas, toques más creativos e introducen otras influencias orientales-. Cuenta con pescados y carnes cocinados: tonkatsu (lomo de cerdo empanado), tendon (langostinos en tempura con arroz), magret de pato en soja semidulce, etc. Me llamaron la atención entrantes como requesón de soja frita en salsa, nabo macerado y atún crudo en soja fermentada. En cuanto los sashimis y el sushi (makis, yasaimakis, temakis, futomakis, niguiris…) la oferta es similar a la que encuentras en otros restaurantes de este tipo, claro la presentación no tiene nada que ver. Y es genial ver cómo el sushi man elabora los sushis allí mismo tras la barra de la sala.

No puedo dejar de comentaros cómo es la vajilla en este lugar, platos pequeñitos con dibujos japoneses, sencillos, poco glamourosos, sin duda, un distintivo más de este restaurante. Eso sí, los postres son muy limitados, sólo ofrecen helado de té verde y judía roja, mousse de maracuyá y flan de café.


Os resumo mi visión: Naomi un sitio que descubrir, comida excelente, buen servicio, acogedor, diferente sin lujos ni tapujos, limpieza, grata experiencia. Volveré para probar otras platos nipones, me dejé muchos en el tintero y teniéndolo debajo de mi casa es una tentación irresistible. Además el precio es otro punto favor, la cena nos salió por 43 €, es decir, unos 20 eurinos por barba. Por lo que he leído, en los últimos años ha encarecido sus precios, pero de todas formas creo que es de los más económicos de Madrid.

Observación: hay dos turnos en la cena, a las 9 ó a las 11, mejor ir con reserva previa, si no probablemente os quedéis con las ganas. Y os aconsejo ir mejor en el primer turno, la soja, el wasabi, y otros condimentos son fuertes y pesados, mejor cenar prontito, el estómago y tu digestión te lo agradece. Ah, también es aconsejable terminar la comida con una jarrita de sake, por lo visto se sirve caliente y es suave y digestivo.

Restaurante Naomi
Dirección: Ávila, 14 Madrid
Tel. 915 72 23 04
Horario: cerrado sábados a mediodía y domingos
Precio medio: 20-30 €
sala

Real Café Bernabéu

¡Buen partido, buen bocado!


Todos conocemos el Estadio Santiago Bernabèu, templo del fútbol de la capital, recreativo para muchos en las tardes del domingo y de televisión para otros, sin duda, centro de visita obligada.

Pero, obviamente, no voy a hablaros de fútbol, sino de otro juego más practicado y generalizado por todos, el placer de comer, una diversión para compartir, charlar, sentir y disfrutar. Eso es lo que hice hoy a la hora de comer, el partido lo iniciamos mi amiga Carmen (RR.PP de la Escuela de Hostelería Fuenllana) y yo, en el Realcafé Bernabéu (Estadio Santiago Bernabéu. Puerta 30. Concha Espina, 1. Tel. 91 458 36 67 www.realcafebernabeu.es), espacio gastronómico situado en el propio estadio.

Teníamos la reserva para las 14.15 h y allí nos presentamos “casi puntuales” y lo primero que vimos es una gran cola para entrar, así que nos pusimos las últimas, pero iba rápido, en unos minutos vimos a Víctor, director del restaurante, y nos acomodó perfectamente. De primeras, el sitio tenía muy buena pinta, amplio, luminoso (gracias a los ventanales con vistas al campo) y con una decoración moderna y sobria.

“Calentamiento, entretenimiento”: los dos contrincantes se preparan para el partido.

Nos trajeron la carta, mientras nos dejaban unas aceitunas y una selección de panes como aperitivo, y tras echarle un vistazo, decidimos dejarnos aconsejar por el maître, aunque una cosa si teníamos claro “queríamos probar el sushi”.

Elección de campo o saque; el árbitro decide.

Se acercó Víctor y nos tomó la comanda, mejor dicho, la configuró, puesto que nos elaboró el menú: bandeja de sushis como entrante, buñuelos de bacalao con tinta de calamar y croquetas de jamón como primero, y como plato fuerte, la hamburguesa especial Real Café Bernabéu, el postre sería sorpresa, al igual que el vino.

Primer tiempo:

La elección del vino fue muy acertada, tomamos un “Riesling alemán” (color amarillo pálido, afrutado y delicado en boca e ideal para mariscos, sushi, y comida “thai-japo”).
Disfrutamos con el sushi: degustamos nigiris de salmón y de atún, makis y futomakis, acompañados de wasabi, salsa de soja y jengibre.

“Jugadas a destacar”

Estaban deliciosos y nos llamó la atención el jengibre: verdaderamente desconocíamos que era, su aspecto visual era como una fina loncha de jamón york, su sabor muy aromático y textura un tanto crujiente. Luego nos enteramos cómo se comía: el jengibre era para formar junto con el sushi y el wasabi un bocado complejo, no para tomar sólo, demasiado fuerte.

Descanso:

Nos entretuvimos con los buñuelos de bacalao con piñones y tinta de calamar y las croquetas de jamón: los buñuelos para repetir, estaban muy buenos, además de ser originales “de color negro”, su sabor y textura de brandada era perfecto. Las croquetas aceptables.

Comienza el segundo tiempo:

Ante nosotros, la hamburguesa especial del Real Café, sí señor, original presentación y magnífica en cuanto a sabor: delicada carne Wagyu , cubierta de suave queso de cabra, y resguardada en crujiente pan de chapata. Acompañada de las salsas clásicas “mahonesa, Ketchup y mostaza” en mini cucharitas, ensalada y patatas, éstas se lucían en mini brochetas como si fueran cintas onduladas. ¡Réplica moderna de la clásica hamburguesa!

La prórroga:

Para rematar el encuentro, el dulce siguió marcando el ritmo, la tarta de galletas dio el saque (típica tarta de chocolate protagonista de muchos cumpleaños) y el mítico drácula pitó el final (versión del helado de Frigo presentado en copa de cóctel: granizado de coca-cola, helado de vainilla y sirope de fresa).

Resultado:

Me sorprendió gratamente, correcta la atención en sala, buena cocina, ambiente relajado y unas vistas estupendas, ¡qué más se puede pedir!

Observación: el Real Café Bernabéu, lugar para descubrir, un multiespacio al servicio del cliente, con una amplia oferta gastronómica en ambientes distendidos y con horario interrumpido (desde las 10.00 de la mañana hasta las 2 de la madrugada). Precio medio: 30´00 €

Para más información: http://www.realcafebernabeu.es/