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TICKETS BAR, experiencia vital y recíproca

Intriga, Euforia, Placer… ACCIÓN 
Estas sensaciones son sólo parte de
lo que una siente cuando pasa una noche en Tickets Bar, algo que se convierte
en “un cóctel de sensaciones” que te pega un buen subidón.
Tickets Bar abrió sus puertas
hace aproximadamente dos años de la mano de Albert y Ferrán Adriá, junto a los
hermanos Iglesias, propietarios del Restaurante Rías de Galicia. Un nuevo
proyecto gastronómico donde estos Grandes de la Cocina y la Sala, nos muestran
su visión de la vida “bocado a bocado”, y, como ellos mismos dicen, “La vida
tapa es una forma de entender la vida”.
Es admirable, ya que, realmente, han
conseguido llevar esta filosofía a la mesa, donde los comensales
“protagonistas” de un gran estreno, se adentran en su papel,  sumergidos en el ambiente, e interactúan con
el equipo del Tickets, creándose una puesta de escena donde la complicidad y el
“Buen rollo” se siente y se disfruta. 
Hacia el teatro…
La emoción es el primer
ingrediente que aparece cuando una sabe que tiene entrada para el tickets y
ésta te acompaña hasta el día en que el telón se abre. Altas expectativas,
ilusión y muchas ganas inundan a los comensales que se disponen a jugar esta
partida. La emoción va en aumento, cuando te sientas en la mesa y ves que las
fichas y el tablero están dispuestos. Y ahora ¿quién tira primero?  Pues, para nosotras, Guillermo fue quien puso
las cartas sobre la mesa y quien nos acompañó durante toda la velada. Ante las
diversas opciones “apetitosas todas” decidimos dejarnos llevar por nuestro
moderador, así que, damos paso al siguiente ingrediente, “la sorpresa”; ésta
estuvo reflejada en nuestros rostros hasta el final de la obra. Sin más, veamos que nos
contaron nuestros compinches, las “TAPAS”:
Tostas de anchoa  y tomate “natural y sabrosa, calidad servida”,
seguido de las esferas de olivas, en su variedad gordal y verdial, explosión
delicada y muy aromática. 
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Tempura de alga codium; este
chanquete vegetal de mar, pues su aspecto es muy similar a los chanquetitos, te
trasporta al mar, con su sabor y el crujiente, nos encandiló. Miniherbal; espuma de queso
manchego con aceite de tomillo limonero. Yo las llamé “pastillitas de jabón de
la Mancha”, por su forma, jeje…

Ensalada de naranja con jugo de
oliva
gordal con ras el hanout (mezcla de especies marroquí); frescura inevitable, original y conquistadora. Los Molletes de mozzarella, provolone
y trufa negra;
su aspecto recuerda a las arepas venezolanas, pero,  el bocado es como si mordieras el aire, sabrosa
esponjosidad.

Cornetos de tartar de ventresca; alga nori, daditos de manzana y huevas de pez volador con su justo toque picante. Sin
duda, uno de mis preferidos.
Canelón de aguacate con buey de
mar,
perifollo, yogurt y romescu. Por lo visto, es un gran Don Juan, a todas
enamora, jeje… A mí, me gustó mucho su presentación, pero, no logró enamorarme.
Ostras con jugo de pollo y trufa
negra
con esferificación de alga wakame y toque ahumado; son bellas al natural,
frescura del mar con su toquecito de limón, pero resultan extraordinarias y
sublimes en esta increíble combinación. Jugoso y sabroso placer.
Guisantes del Maresme en
papillote
con su morcilla, su jamón y su tocino en su jugo con menta, que le
retiran in situ, para que no amargue. Tersos, verdes, sabrosos… vamos que son como
las pipas, un vicio. 

Sepionets a la brasa, con sésamo
blanco, cristal de soja y vinagreta de tinta. Qué decir, una delicia de la mar. Corvina empanada con mojo rojo;
un contraste perfecto entre el exterior crujiente y la suavidad del interior,
que nos dejaron con otra gran sonrisa. A ésta, le siguieron unas patatas con
jamón ibérico al pimentón
. Y, como colofón, antes de los platillos dulces, un
taco de cochinillo, que resultó un guiño con mucho jugo (sensacional).

 
Para anunciar los postres, entró
en escena, el ravioli de queso payoyo con mermelada de limón. Una delicada
esfera que te permite disfrutar de todo el sabor de este queso gaditano, de una
forma ligera y muy aromática. Y, así, fueron llegando el buñuelo de chocolate
frio-caliente
(curioso, pero no brillante) y el cupcake de helado de queso
sobre papel de grosellas
(me recordó a la tarta cheesecake). 
Finalmente, el telón se cerró con
un chupito de pacharán de la casa con el que nos convidaron; claro, cómo no, no
podía tratarse del licor convencional, sino de una combinación de grosellas y
endrinas con anís, que puso fin a esta mágica noche, dejando un entusiasmado “hasta
pronto” en nuestras miradas y en nuestras mentes. 
Sinopsis: una cena en Tickets Bar
resulta una experiencia que no se puede describir, hay que vivirla en directo,
para meterse en el papel. El ambiente circense, la música variopinta –mix de
todas las épocas y momentos-, la puesta en escena, la esencia y la calidad,
recrean un espectáculo único y, a la vez, versátil, pues, cada día, los
comensales juegan su particular función. Sin olvidar, el show cooking
permanente que ofrecen los cocineros, elaborando los platos vista al cliente.
Decir, a modo informativo, que el
precio del menú degustación son 75 € y consta de 20 tapitas; nosotras optamos
por ajustar un poco el precio y disfrutamos de un menú de 15 platillos por 54 €,
acompañados de un par de cervezas cada una. Realmente, es un lujo a un
excelente precio y, he de decir, que salí bastante satisfecha, sin gotita de
hambre. 
Agradecimientos: sinceramente,
dar la enhorabuena al magnífico equipo del Tickets, que hace posible
que experiencias vitales como ésta se convierten en grandes recuerdos. Y, en
especial, a Guillermo, que nos contó la tapa en todo momento, con alegría y de
una forma muy cercana, con una energía positiva que nos contagió. Cómo
no, agradecer a Xavier Alba, director de Tickets, su atención y acogida. Nos fuimos
encantadas no, encantadísimas.

Asimismo, dar las gracias a mis acompañantes, pues, sin ellas, no hubiera movido ni tan sólo una ficha: Cris, Giulia, Ivana (de quien tomé prestadas algunas fotos) y Lila. Faltó Margot Serrano, ya que, en esta ocasión, no pudo estar y a quién eché de menos, pero espero que nos podamos reunir nuevamente. Podeís ver más sobre esta experiencia desde Comer con Lila y/o My little Things. Y, si queréis conocer más platillos con detalle, os aconsejo pasar por Cocina Creativa, un blog que acabo de conocer y que me ha encantado.

Continuará… 😉

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TERRAZA DEL HOTEL HOSPES

“MÁS QUE TAPAS” FRENTE A LA PUERTA DE ALCALÁ


En plena Plaza de la Independencia y frente a la Puerta de Alcalá y el Retiro, el Hotel Hospes de Madrid muestra su oferta gastronómica en su terraza a pie de calle, gozando de un ambiente único, relajado y distendido. En línea con el entorno, los aromas, los sabores y la personalidad de los platos, recrean una velada placentera para aquel traseúnte que se preste a su disfrute.

Esta gustosa sintonía es el resultado de la ilusión y buenhacer de Andrew Bryson, chef ejecutivo del hotel, y de su joven equipo de cocina. Andy, de origen escocés, se ha incorporado recientemente al hotel, para hacerse cargo de los fogones, antes en manos de Iván Saez -quién conquistó paladares en las mesas de Zorzal -recuerdo su arroz cremoso de chipirones, su brioche-torrija empapado y caramelizado…-. El joven británico se ha formado en las cocinas de los principales restaurantes de alta cocina en Reino Unido y, en España, cuenta con una trayectoria “seductora”, alimentada a su paso por varios restaurantes y que se ha dejado ver con éxito en La Volvoreta, restaurante panorámico del Eurostars Madrid Tower Hotel, donde mostró su “carta” hasta el año pasado.

Sin más, os paso a contar mi experiencia, que se fundó el pasado sábado, con una cena “ a todo dar”, pues al bello paisaje se sumaron unos sugerentes y apetitosos bocados, acompañados de una grata conversación y más de una sonrisa.

Un “tapeo” variado y distinguido, con frescura y soltura

Para empezar, la cena ya contaba con un ingrediente fundamental, la compañía, que pondría simpática a cada plato. Allá vamos:

Comenzamos con un guiño al verano, al calorcito, con un gazpacho con helado de pepino: refrescante, ligero, cremoso… Un plato tradicional con vestido contemporáneo. A su paso, un carpaccio de atún rojo que se deshacía en la boca, nos encantó. Llegaron después unos crujientes de huerta y mar, endivias con crema de roquefort y anchoa. Plato sencillo y sabroso.

A continuación, las croquetas, redondas, cremosas, de jamón y los espárragos blancos en tempura, que se dejaban acompañar de una “salsa” de mousse de cítricos; ésta se evaporaba en la boca y, a la vez, limpiaba el paladar, contrastando con el crujiente que envolvía a los blancos de la tierra.

Como “plato” principal, rissoto de Bogavante, en su punto y con la textura que le caracteriza; no pasó desapercibido.

Para finalizar, mini hamburguesa de foie con pan de sésamo, bacon y confitura de cebolla; “bocadito” con gracia y bien visto; contraste de texturas y sabores, pues al crujiente del pan y al bacon, se unía la dulzura de la cebolla y la cremosidad del queso.

Tan sólo faltó un poco de jugosidad en la carne, que tal vez no se percibió, porque estaban demasiado hecha. Claro que esto depende del comensal, yo prefiero la carne en su punto, pero a mis compañeras les gustó tal y como estaba. Así que, chapó!

La guinda final la puso el “sorbete de frambuesa decorado con láminas de mango”, que estuvo en línea y sintonía con la dinámica del menú, pues apareció en vasito de chupito de cristal, que dejaba ver su intenso color, al que acompañó su éxotico aroma y su refrescante sabor. Como habéis podido ver, estuvimos “tapeando”, pues el menú constó de diferentes platos que “a modo de tapas y raciones”, es perfecto para compartir y sentir en la terracita. Además, en esta línea, también ofrecen el menú senzone y, entre otros platos -pues la carta es variada y extensa-, os recomiendo las berenjenas con humus: no las probé, pero pienso regresar a por ellas, pues he oído hablar “gratamente” de su éxito.

En definitiva y, de momento, el Hotel Hospes apuesta por una cocina creativa, pero sencilla, tradicional y actualizada, elegante y sugerente. A partir de septiembre, el Restaurante Senzone volverá a entrar en escena, con nuevas propuestas y sabores; mientras tanto, sigamos brindando a pie de calle y con “un guiño” frente a la Puerta de Alcalá.

Gracias a todo el equipo de cocina y de sala!!!!

…y “a mis compañeras y amigas” -Dolly, Marisa y mi prima Cristina-, que me hicieron disfrutar de una cena encantadora e inolvidable!!!!

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VA DE VINOS

Vinos y tapas con acierto
Hace unos días, justo el martes 21 de diciembre, mi amiga Carmen me invitó a la cena de Navidad de unos amigos del gremio de la restauración. La acompañé encantada, aparte de la grata compañía, me sorprendió el sitio elegido “Vadebaco” (C/ Campomanes, 6). Y es que, VadeBaco es un sitio para conocer, para descubrir. Es un restaurante de estilo contemporáneo, con una decoración secilla y rompedora de tonos rojos y negros, amplio, dinámico y con música agradable de fondo que permite tener conversaciones sin tener que alzar la voz. Llaman la atención, las grandes pizarras que lucen sus paredes, que son reflejo de su oferta gastronómica, y un atractivo más del lugar.

Pero, centrémonos en los placeres que ofrece este templo, pues hace bien honor al Dios del Vino, ya que aquí el vino es el verdadero anfitrión. Cuenta con más de 350 referencias nacionales e internacionales y, además, ofrecen una estupenda selección de vinos por copas, que van renovando cada 15 días. Si quieres comer bien y con buenos vinos, éste es el sitio. Víctor Díaz, socio y sumiller de VadeBaco, lidera la sala; si tenéis alguna inquietud sobre algún vino, no hay que dudar en preguntarle, es todo un profesional.

Tapas, platos de cuchara y cocina creativa
El vino, la gastronomía y la buena compañía son los pilares que forman la Buena Mesa, así que os aconsejo que vayáis bien acompañados para tapear o cenar en VadeBaco, porque la cocina también merece mención. El joven chef Daniel Larios es el capitán de los fogones y, realmente, está haciendo un buen trabajo, ofrece una cocina tradicional renovada, con producto de calidad y a un precio asequible.

Como comenté al principio, me ví en VadeBaco gracias a que me invitaron a una cena de navidad organizada por unos amigos restauradores. Como suele ser en estos casos, el menú estaba establecido. Un desfile de platos, que tomamos al estilo tapa, fueron llegando a la mesa. Los entrantes fueron: ensaladilla rusa -en serio, me recordaba a la de mi abuela, no es fácil encontrar una ensaladilla en condiciones, así que la cosa ya pintaba bien-, cecina ahumada con vinagreta de tomate -rica, rica-, croquetas de jamón -sin más, aceptables-, ensalada de arenques, aguacate y mango -para mí gusto, muy dulce, le hubiera sentado bien un toque más agresivo de vinagre- y callos a la madrileña, éstos estaban exquisitos, no se le podía pedir nada.

La verdad es que con estas tapitas ya estábamos medio llenos, pero aún quedaban los Soldaditos de Pavía -exquisitos, crujientes de bacalao con toquecito de limón.

Las carrilleras ibéricas con puré de calabaza -muy tiernas y jugosas, pero algo insípidas-.

Durante la velada, los vinos que nos acompañaron, y que nos recomendó Víctor, fueron: un blanco muy apetitoso, Viña Méin 2009, y un tinto reserva de la Tierra de Zamora, pero que no logro recordar, lástima porque era un vino digno de mención.

El final fue dulce y refrescante, un brownie de chocolate con helado de violetas -intenso sabor a chocolate, tierno y crujiente, adornado con frutos rojo.

Seguidamente, y para terminar, hizo reverencias ante todos los comensales, un sorbete de mojito, y, que aunque estaba bueno, prefiero el mojito tradicional o el daiquiri de hierbabuena que alguna vez os he recomendado.

Vadebaco es coqueto y atractivo, seguro que os gustará. Y, además, camaleónico, pues su oferta gastronómica es muy variada, ya que, hay menús “creativos” para dos personas (por 20 €), “platos de cuchara” (más vino y pan, 8 €) a mediodía y de lunes a viernes, tapeo, cenas grupales, catas…


En fin, que si queréis descubrir algo diferente, pero cercano, pasar por el número 6 de la calle campomanes. Y ya me contaréis si coincidimos….
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Café & Restaurante El Olvido

Buena parada para tapear y disfrutar en un cálido ambiente

Hace tiempo que mi amiga Dolly – una chica encantadora, de Uruguay, y que estudió Restauración conmigo- me había hablado de El Olvido (C/ Juan Hurtado De Mendoza, 13). La semana pasada me llamó para tomar unas cervecitas y estaba claro el destino.

Lo primero que llamó mi atención fue la decoración, pues por su luz tenue y tonos naranjas invitan a sentarse y disfrutar de un ambiente tan cálido y acogedor. En verano tienen una amplia terraza, pero estaba a rebosar, así que pasamos directamente al interior. No teníamos reserva, pero encontramos mesa sin tener que esperar. Dolly y su hermana – a la que acababa de conocer- eran clientas habituales del restaurante, conocían a los camareros, la carta… por lo que cuando nos tomaron la comanda, Dolly dictó “ensalada de espinacas, aguacates y gambas rebozadas con vinagreta de mostaza, Carpaccio de solomillo con mostaza a la antigua y láminas de Parmesano y huevos rotos con patata y picadillo de Ibérico”. Y yo dije “pero… Dolly ni ojeé la carta, jejeje”; a lo que me respondió “chica, esto te va a gustar, ya probé todo”. Bueno, bueno.

Para beber todas coincidimos en tomar un vino blanco bien fresquito; nos pusieron un blanco semidulce –de los que me gustan-, pero no sé deciros qué vino era (lo tomamos por copas), sólo que muy parecido al Bach Chardonnay del Penedés.

Un picoteo variado y acertado

Ensalada de espinacas, aguacate y gambas rebozadas con vinagreta de mostaza

Buena combinación, escaso aguacate y, a mi parecer, falta de vinagreta. Pero estaba aceptable, aunque no increíble.

Carpaccio de solomillo con mostaza a la antigua y láminas de Parmesano

En su punto, se deshacía en la boca, y la mostaza de Dijón junto con el parmesano hacían de este plato un bocado exquisito

Huevos rotos con patatas y picadillo de Ibérico

Era lo que menos me apetecía tomar –por el calor- pero tengo que decir que fue lo que más me gustó. Estaba realmente bueno, el picadillo era adobo de cerdo con un aliño “similar al mojo canario”. ¡¡Os los recomiendo!!

Además te ponen un pan “mini bollos” calentitos que se come solo, jeje…De postre tomamos –para compartir- tarta de chocolate y coulis de frutos rojos; cuando quise hacerle la foto alguien ya le había metido mano, así que sin foto me quedé. Muy rica, pero si la pedís mejor para compartir; es puro chocolate, de sabor intenso y muy contundente. Para brindar por el encuentro nos pedimos unos licores –Dolly y su hermana, de hierbas; yo, como siempre, Limoncello-.

Sinceramente, volveré. Es un sitio agradable, con buen servicio, donde puedes charlar tranquilamente, comer bien y sin que sufran los bolsillos. Pagamos 37 euros entre las tres -12 € por cabeza- por 3 raciones, bebida -2 copas de vino cada una-, postre y licores. Lugar recomendable para tapear con los amigos, cenar o tomar un café.

Restaurante El Olvido
Juan Hurtado de Mendoza, 13.
Teléfono: 91 703 00 56. No cierra.
Precio medio Tapas: de 2 a 5 euros
Precio medio Restaurantes: De 20 a 25 euros