IZAKAYA HARAMAKI, TAPAS NIPONAS EN BADAJOZ

 

Una forma distinta de tapear “con palillos”, al estilo oriental

La ciudad pacense es “pro” tapeo total, pues irse de tapas es costumbre arraigada y muy practicada, sobre todo a partir de la primavera, donde las terrazas empiezan a ser protagonistas.

Las tapas más fiesteras suelen ser las de ibérico, acompañadas de los quesos de la tierra y otras elaboraciones típicas extremeñas, pero hoy –si me permites- te recomendaré un picoteo diferente y, la verdad, sorprendente.

Se trata de la experiencia que ofrece la taberna japonesa que hay en la localidad pacense, Izakaya Haramaki. Antes de entrar en detalle, haré mención a algunas cuestiones que creo oportunas en el menú de hoy.

Las “izakayas” son bares populares en Japón, frecuentados para tomar algo tras el trabajo, digamos que son similares a nuestros bares de tapas; tabernas japonesas.
Si nunca has ido a un japonés, nunca es tarde para probar algo distinto y aprender aspectos culinarios de otras culturas, no hay que tener reparo ni vergüenza a no saber cómo actuar en este tipo de locales, siempre hay una primera vez. Lo suyo es comer con los palillos y resulta muy divertido hasta que le pillas el tranquillo; si no, no te preocupes, también hay cubiertos, aunque, a falta de palillos, mejor tomar el sushi con las manos –en su cultura está permitido-.

 

¿Qué debes tener en cuenta si vas a un restaurante japonés?
1. Los palillos jamás se pinchan en el bol, si no los estás usando se dejan en el hashioki, pequeñas piezas de cerámica donde reposan los hashi (palillos). Me llamó la atención que en Izakaya Haramaki no los pusieran, pues es algo que no falta en las mesas niponas.
2. El sushi no se baña en el cuenquito de soja (se deshace y se llena todo de vagos de arroz); hay que pasarlo por el lado de pescado o mojar levemente antes de llevarlo a la boca.
3. No solo hay cosas crudas, se puede comer sushi en tempura (pankomaki), además de muchas otras elaboraciones; un tapeo saludable y ligerito.
4. Los japoneses suelen tomar el sushi con sake (licor de arroz fermentado) frío o caliente o con té verde. También es recomendable con cerveza, la japonesa Asahi por ejemplo. Yo lo tomé con un verdejo y me gustó mucho.

 

Ahora sí, paso a detallarte cómo fue mi visita en Izakaya Haramaki. Te diré que fui con mi madre, que jamás había probado la comida nipona, ni comido con palillos, pero ole ole “reto superado”.

 

Nuestro Menú en plan “tapas”
 
Gyozas de carne (empanadillas japonesas): estaban deliciosas, aunque con poca carne, me dio la sensación de que eran vegetales. La salsa agridulce con la que las acompañan es muy rica. 2´25€/2 ud
Pankomakis (rollos de sushi rebozado en panko –pan rallado japonés); optamos por los hosomakis de salmón y philadelphia. La presentación me hizo salivar, conquistándome desde el primer momento, y el bocado me enamoró por completo. Ese quinto sabor “umami” está presente, envuelto de texturas, cremoso y crujiente; una tapa que te recomiendo, la vas a disfrutar de lo lindo. No es necesario mojar en la salsa, es complejo. 5´40€/ 6ud.
Berenjena en salsa miso: feliz de decidirme por esta tapa, jamás había probado la berenjena –una de mis hortalizas favoritas- de tal forma. Es una explosión de sabor y realmente una delicia en boca. Hay que quitarle la piel y comerse la carne, que se deshace tanto que, en boca, recuerda a la crema de un pastel. Su sabor es peculiar debido a la salsa miso (a base de soja fermentada) y me comentaron que la hacen frita (pensé que era a la brasa, pero no, jeje). Mi error fue no pedir un cuenco de arroz gohan, imprescindible en cualquier mesa japonesa, porque hubiera sido perfecto con estas berenjenas. Si vas, no dejes de pedirlo.  2´25€/2 ud.

 

No tomamos postre, pues el café nos estaba esperando en otra parte, pero he de decir que tanto mi madre como yo salimos encantadas de Izakaya haramaki, con esa sensación de querer volver para seguir probando la carta. Además, la atención del personal acompañó, nos sentimos muy cómodas y la chica que nos atendió fue muy amable.
Por tanto, recomiendo esta experiencia al 100%; genial que en Badajoz podamos tener esta opción de viajar a Japón con un tapeo variado y de calidad.

 

Observaciones: puedes comer tapas en las mesas altas o pasar al comedor-restaurante, para una comida más pausada. Por cierto, tienen la carta homologada en base a ley de alérgenos Reglamento 1169/2011 que entró en vigor el 14 de diciembre de 2014.
Salud, cheers o Kanpai (brindis a la japonesa)

 

Izakaya Haramaki, bar de tapas
Avda. Villanueva, 5, 06001 Badajoz.
Teléfono 924 238 198
Precio Medio: 10 a 12 € -tapas-

CHANTARELLA, TAPAS CON SABROSURA EN BADAJOZ

Buscando bares par un tapeo recomendable en Extremadura 

Ya lo sabes y, si no, te lo cuento “soy extremeña, más concretamente barcarroteña” y muy orgullosa de haber nacido en esta tierra tan rica; de calidad de gente, de buena materia prima y excelentes paisajes, siempre con nuestra dehesa como hábitat más preciado.
Dejar atrás Madrid, pasando por Zimbabwe, Londres y regresar a mi tierra no fue fácil en un principio; una se adapta a la vida con prisas, a la oferta global de las grandes ciudades y su diversidad gastronómica. Pero, estar aquí “asentada” me ha servido para ver cómo estamos avanzado: las nuevas tendencias están llegando, la restauración está en evolución y, si seguimos así, estoy segura que vamos a conseguir que nuestra cocina esté en el lugar que debe estar. La calidad de nuestros productos es inmejorable ¡Solo nos falta creer en nosotros y saber vendernos!

 

Cómo no, sigo siendo una foodie en evolución, una #gastrohunter siempre en busca de nuevos sitios para comer y, en este sentido, el tapeo es uno de mis hábitos favoritos cuando entro en acción. Hoy, te contaré mi última experiencia entre tapas en Badajoz, en el Restaurante Chantarella.

 

Buen hacer, buena mesa y alguna que otra sorpresa

 

Tengo varios sitios pendientes en la localidad y Chantarella (Av. Sinforiano Madroñero, 15) era uno de ellos. Finalmente, el pasado 9 de enero estuve cenando allí. De decoración sencilla, aspecto de taberna y con dos plantas, el local es cálido y con buen ambiente. En cuanto a su oferta gastronómica, ofrece una cuidada selección de tapas de autor con productos locales y de temporada que oscilan entre los 4 y 5 €. Tenía claro que quería probar el risotto de ibéricos –me lo habían recomendado- y, siguiendo los consejos del camarero, nos decantamos también por los creppes chantarella. Entre otras tapas de interés, el solomillo ibérico Wellington con Torta del Cásar y el atún rojo con frutas.
El risotto de ibéricos está buenísimo, muy sabroso, cremoso, con panceta, chorizo y jamón. No le puedo poner ninguna pega; sin duda, uno de sus platos estrella que debes probar si les visitas.  
El creppe estaba bueno, pero no sorprendente; con un sabor suave a la seta que le da el nombre “chantarella”, cremosa bechamel y piñones. Le falta potencia en sabor y la presentación es mejorable, pues parecían más unos canelones que unos creppes. Eso sí, me gustó no ver la reducción de Módena en el plato; estoy aburrida de ver cómo la mayoría de los bares pacenses riegan el plato con la reducción de bote (se puso de moda y, aunque no venga al caso, en cuanto ponen algo de verde, pufff… hilo de balsámico).

En esta ocasión, queríamos una cena ligerita y dejar hueco para el postre, pero nos quedamos con ganas de probar más tapas: son de calidad, diferentes y, por supuesto, volveré para seguir disfrutando de sus platos.

Antes del postre, me gustaría hacer hincapié a la atención recibida, pues es un sitio en el que una se siente a gusto y bien atendida.

Ahora sí, llegó el turno de la sorpresa que se presentó en versión dulce, porque esa noche estábamos de celebración cumpleañera y había que sorprender al homenajeado, Gonzalo. Cuando hice la reserva, comenté que me gustaría que uno de los postres estuviera pintado con chocolate con un feliz cumpleaños o algo así. Temía que se hubieran olvidado, pero no, la tarta de tres chocolates llegó marcada y Gonzalo acabó sonrojado, jajaja…

La tarta tipo flan (4€) estaba rica, perfecta en su elaboración, textura; si eres flanero, te la recomiendo.

Yo me decanté por la crema catalana (4€) y fue todo un acierto; nada más verla, me gustó mucho la presentación, en cazuelita y con una quenelle de nata montada. Tras la primera cucharada, me enamoré de su sabor aromatizado con ralladura de naranja, acompañado por el crujiente del azúcar caramelizado. Lo primero que pensé es “tengo que venir con mi madre, tiene que probar esta delicia” y es que esta versión de crema catalana es una de las mejores que he probado.

Sin más, dar la enhorabuena al equipo de Chantarella, pues que en Badajoz tengamos un sitio así de tapas es un gustazo y estoy segura que seguirán sorprendiéndonos, está en pleno rodaje. Si quieres disfrutar de un tapeo distinto y de calidad, este es el sitio. Te aconsejo acompañarlas con un vino de la Tierra, de la Ribera del Guadiana.
No me olvido de citar a Restaurante Gladys, dieci9 del Tesso, Izakaya Haramaki, La churrasquería… pues son pendientes que irán cayendo poco a poco y ya los tengo fichados.

 

Restaurante Bar Chantarella,
Av. Sinforiano Madroñero, nº 15
Badajoz. Telf. 924 47 94 81

http://www.restaurantechantarella.es/

CartaelCrisol

Restaurante El Crisol, cocina de vanguardia en Badajoz

Un tapeo creativo, de calidad y en un ambiente más que
apetecible

Increíble pero cierto, la
esperada primavera ya se aproxima y prueba de ello son estos días enérgicos y
soleados que nos está regalando. 
Personalmente, soy una persona muy afín al
tiempo y lo que peor llevo son esos días nublados que no saben lo que quieren;
por eso, estoy feliz de que el buen tiempo ya nos esté saludando, jeje… Aunque,
también he de decir, que a todo se acostumbra uno y, en Londres, no me quedó
más remedio que vivir como si hubiera sol cada día durante un año. 
Eso sí, no hay que olvidar que somos nosotros quienes
pintamos nuestros días, así que, siempre podemos disfrutar de un día soleado,
aunque sea un trampantojo emocional. En España, el tapeo nunca está de
vacaciones, pero, lógicamente, al buen tiempo más tapeo y más cerveceo; podríamos decir que es un estilo de vida que nos caracteriza y se agudiza en
primavera y verano. 
En Badajoz, también somos fieles seguidores del tapeo, pero
de una forma más campechana, adaptada a la oferta culinaria que nos rodea, que
está evolucionando plácidamente. Buen ejemplo de ello, lo encontramos en El
Crisol
(Pl. de la Molineta, 4. Tel. 924224120) un restaurante más en la línea de los llamados gastrobares, situado en
el barrio de Valdepasillas y un lugar idóneo para tapear con gusto y
estilo. 
Tras varias recomendaciones, por
fin, pasé por este gran rinconcito. Ofrece un local dinámico con dos plantas, la primera en
la planta baja, perfecta para un picoteo al mediodía, un afterwork o un
amigable tapeo; la segunda, arriba, presenta un salón abierto para comidas y
cenas más serenas, aptas para la Buena Mesa. Me gustó mucho la decoración,
entre rojos, blancos y negros y la atención, profesional y cercana. En cuanto “al
papeo”, decirte que es perfecto para tapear, pues cuenta con una atractiva
carta que puedes disfrutar a modo de tapas o de raciones (medias o enteras). 
Puedes
elegir entre sus platos fríos como sus variadas ensaladas, el tabulé o los
rollitos de salmón, sus crujientes de morcilla y cebolla caramelizada o las
bolsitas de queso y manzana; deleitarte con sus arroces melosos y risottos (de
pulpo, de setas) o probar sus carnes y pescados, cocinados –muy recomendable la
mini hamburguesa de retinto y los canelones de rabo de toro– o marinados como
los distintos carpaccios que oferta. Nosotros tomamos el Teriyaki de atún rojo, acompañado de ensalada con un toque de estragón, cebolla caramelizada y creo recordar que el toque crujiente eran nachos triturados.
En mi tapeo Crisol tuve el placer de estar
acompañada por un buen vino de la tierra (De Bodega Pago de Balancines) y por mi
buen amigo Gonzalo, así que disfruté de un interesante menú pausado y regado de
buena conversación.  Fue una cenita
ligera, por lo que tendré que ir más veces, para conocer mejor su cocina y poder
extraer más gastro-conclusiones. Mis primeras impresiones ante su gastronomía son
buenas, una apuesta por tapas de diseño, con producto de calidad y atractivas. Pero, quizás añoré más personalidad ante la decoración de los platos, un toque
de distinción lejos de las líneas de reducción de vinagre de Módena, que se
pusieron de moda y muchas veces resultan monótonas y aburridas. Otro punto a tener
en cuenta es el precio medio de El Crisol que ronda en torno a los 14 € por
barba, las tapas están entre los 2 y 4 € y, teniendo en cuenta la
calidad-cantidad, está bastante ajustado. 
Mi noche de “entre tapas” acabó con
un Gin Tonic en el Touareg Lonuge Bar (Pl. de la Molineta,10. Tel. 666026700) a tan sólo unos pasos de El Crisol.
Disfruté de un combinado con ginebra Puerto de Indias –de fresas-, en su copa
de balón, decorado como corresponde con fresas y especiado con bolitas de
enebro. Un placer acabar la noche en un ambiente que recuerda a las mil y una
noches. ¡Repetiré!