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Desfile de Croquetas, cremosa simpatía

Me gustan las croquetas, sí, mucho, pero también es cierto que las como muy de vez en cuando; es de esos bocados que cuando una pasa mucho tiempo sin comerlos, el cuerpo te los pide “apetencias inciertas”.

Las croquetas son como un folio en blanco: creatividad ilimitada en esencia, pero con un matiz que las define “la cremosidad”, esa suavidad que no todo el mundo logra, unida a la apariencia crujiente que se debe demostrar en boca. El formato es variado, las ovaladas son las tradicionales, pero las redondas cada vez han cobrado más protagonismo, dejando el aspecto cuadrado para momentos de poco rodaje. El sabor es camaleónico, abierto a los gustos, aunque las de jamón o cocido suelen ser las más populares ¿No crees?

Un dicho también las acompaña “las de mi madre son las mejores” (en mi caso, mi madre jamás hizo croquetas, sí mi abuela, aquellas croquetas de bacalao qué tan deseadas eran y que caían requetebien en la romería bajo la encina).

Un avance reflexivo y croquetero para el comienzo del post debido a que el sábado noche estuve, por fin, en la Gastrocroquetería de Chema (C/Barco, 7). Lo tenía pendiente y quería festejar mi cumple por adelantado; siendo croquetera me pareció buena idea y allí que me planté.

Experiencia resumida de la velada que compartí con mi amiga Cinthia

Nada más entrar, buen rollito el que se respira, gente disfrutando, buenas vibraciones. Nos asentamos y visionamos las mesas, cada una de una manera, al igual que cada plato, cada vaso, cocina vista al fondo. La bienvenida es simpática y profesional –ingredientes que van alimentando el momento, preparando el apetito que se abre con el aperitivo de la casa “un humus muy particular y especiado-. Dije “uhm… empezamos bien, el aperitivo es bueno, buena señal”.

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Aperitivo de la Casa “Humus diferente, al estilo de Chema”, para repetir

Un amigo que me permito el lujo de citar “Gonzalo Sol” me dijo una vez, si pones aperitivo que sea excepcional, que invite a preguntar por él e incluso a meterlo en carta si encandila; para poner algo incorrecto, mejor unas buenas aceitunas o unas patatas fritas”.

Pedimos un par de dúos de croquetas de patata trufada y costillas asadas y de sepia en su tinta gratinada. Ambas muy ricas y en su punto cremosito.

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Para terminar, pedimos una ración de Takoyaki de pulpo a la gallega con salsa kimuchi –versión japonesa del kimchi coreano–; especie de buñuelos de papas y pulpo, con pimentón y mahonesa asiática. Para mí, fue la más rica de la noche –olvidé que los takoyakis eran buñuelos, si no, hubiéramos pedido otra cosita, porque tanta croqueta por mucho que gusten satura, jeje-.

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Takoyaki de Pulpo y Patatas con Mayonesa de Kimuchi, espectaculares

Ahí lo dejamos, las croquetas versión dulce –tienen de tiramisú, de oreo, lemon pie…- para otra ocasión, nosotras nos fuimos al Mercado de San Ildefonso (C/ Fuencarral, 57) a tomar la última copa de la jornada –vaya ambientazo que se marca este sitio, una auténtica gozada que anima a seguir de fiesta.-.

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Como te habrás dado cuenta, recomiendo ir a la Gastrocroquetería, eso sí, no vayas con expectativas pensando que vas a comer las mejores croquetas de tu vida –están buenas, tienen variedad y combinaciones curiosas, pero son su versión de la afamada receta sin más-. Ves porque croquetearás a gusto, serás bien atendido y  probarás croquetas distintas; nos tomaron la comanda con una sonrisa, nos despidieron con una sonrisa, salimos diciendo ¡Ha merecido la pena, volveremos! Enhorabuena al equipo, un concepto muy chulo y un servicio que destaca por su oportuna cercanía.

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Por cierto, seguro que estás leyendo esto el 5 de junio –día en que se cumplen unos tantos de mi llegada a la tierra- y, como sé que me vas a felicitar, te doy las gracias por leerme y por las felicitaciones, me tomaré un día impregnado de buenas sinergias a tu salud.

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GASTROBAR VILLANOS, sabores viajeros

Hablamos de cocina, reflexionando, apostando por la calidad con mentalidad abierta y margen a la subjetividad

Domingo 30 de octubre, día soleado y, aunque no soy futbolera, soy atlética desde pequeña y, de vez en cuando, cae un partido en directo. Ayer fue uno de estos, gracias a la visita de mi hermano David y mi cuñada Manoli que venían a ver el Atleti-Málaga en el Vicente Calderón.

Los días de fútbol hay que ir con tiempo, para aparcar e introducirse en el ambiente; lo mejor es comer cerca del estadio. Me habían recomendado el Gastrobar Villanos y las buenas críticas que leí, me motivaron a hacer la reserva y probar su cocina. Mi cuñada es celíaca; llamé para informarme y ver qué opciones había y preguntar si tenían cerveza sin gluten. Me comentaron que sin problemas, lo tendrían en cuenta y que había cerveza “apta para celíacos”. Reservé.

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La Pasa Blanca Bistrot, tapeo hogareño y de calidad

Ya puedo decir que comencé a rodar en Madrid, me siento más o menos asentada, en el trabajo, en la nueva casa y con el ritmo de vida de la ciudad –tan diferente a la del pueblo, pero que no por ello me gusta menos, es más, ahora mismo, estoy donde debo estar-. Además, ya terminé mis post de aventuras, los pendientes y es hora de empezar con la nueva etapa también en Sinestesia. Para iniciar los artículos con etiqueta “Madrid”, he elegido uno de los sitios últimos en los que he estado, La Pasa Blanca Bistrot (C/ de la Pasa, 4). Os contaré por qué con mucho gusto.

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