La Sin Receta, sin Algoritmos 

Un domingo más, podría ser un día cualquiera, pero es un día lleno de matices significativos y, por eso, es aún más especial. Primer domingo de mayo “Día de la madre y primero con piloto en amarillo, ya que, aunque con restricciones y precaución, está permitido salir a pasear o hacer deporte». Además, el cielo luce con un azul intenso y la temperatura es propia de un día estival. Me he levantado, he cocinado varios tuppers para la semana, me dispongo a escribir y, por la tarde, me pondré encantada las zapatillas para perderme por las calles. Este será más o menos mi domingo, seguramente, en otras circunstancias, estaría en el pueblo, iría a comer al campo en familia y me marcaría un bizcocho con las existencias de la despensa de mamá.

Estos días, mi blog, evidentemente, se ha adaptado a la situación y, a falta de experiencias de movidas de aquí  y de allá, se ha cocinado con lo que había  y con lo que me salía. Hoy, honestamente, no sé muy bien qué contarte, incluso pensé en no publicar, pero el ímpetu de Sinestesia me pudo y me puse a teclear. Hablaré pues de sensaciones intercaladas con lo que se interponga. Podría recordar, como me sugirió una amiga, recetas de la infancia (de mamá, de la abuela…), pero hoy no tengo ganas de anhelos ni melancolías.

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