Sueña, Visiona, Saborea

Domingo otoñal con luz estival, temperatura más propia de primavera, donde seguir el estilo de capas de una cebolla es más que oportuno (frío en las mañanas y al atardecer; calor durante las horas de sol). A medida que pasan las horas empecemos a quitarnos abrigo. Este finde ha sido idóneo para pasear y disfrutar de la ciudad de Zaragoza. Se están celebrando las “no fiestas del Pilar”. En tiempos sin COVID, hubiera sido mi primera vivencia de celebración del 12 de octubre en la ciudad; ya me han comentado que este finde hubiera alucinado con el gentío que se forma en las calles. Habrá que esperar al próximo año para vivir el festivo en todo su esplendor, mientras, pues a saborearlo en forma relajada pero con las mismas ganas. Quizás, de haber habido las “sí fiestas”, no estaría escribiendo justo ahora. En este capítulo, hablaré del sabor de la visualización y la fidelización.

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Sensaciones al estilo “ratatouille”

Me levanto pensando en el callejeo por las calles de Madrid. Voy a echar de menos salir sin rumbo y dejar que sus infinitos rincones me sorprendan; me encanta “mi barrio” de Chamberí, su solera y su tranquilidad, y estar a dos pasos del bullicio de Malasaña o tener todo a punto cuando quiero. Las recomendaciones o propuestas apetitosas las voy marcando en pendientes que pasarán a mi lista de viajes como turista. Pero bueno, se avecina un cambio y , aunque aún no me haga a la idea, poco a poco, llegará el nuevo asentamiento.

Esta semana estuve de nuevo en Zaragoza indagando y testando mi próxima aventura, bastantes tareas hechas y marcado comprarse un buen abrigo con piedras en los bolsillos y con doble capa de cortavientos ¡Madre mía con el airecito! Yo me quejaba y mis compis maños me decían ¿sí? Pues esto no es nada, prepárate, jajaja… Me encanta pasear pero me queda claro que, cuando haya cierzo, nanai. Sí, estoy, ahora mismo, destartalada o, lo que es lo mismo, en época de tránsito.

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