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COCINAR Y VIVIR, DOS CARAS Y UN DESTINO

Recetas de vida
Días, muchos días han pasado desde mi último post, sintiendo
nostalgia, echando de menos contar mis aventuras, ésas que solían brindarme un
agradable retrogusto y que tanto me gustaba transmitiros. Obviamente, no he
dejado de caminar, pero, con distinta pauta.
Como sabéis, un día decidí dejar Madrid y darme la oportunidad
de vivir una experiencia  distinta,
dejando todo para irme una temporada a Zimbabwe. No sabía por qué, pero, no quise pensármelo mucho y, sin darle más vueltas,
compré el billete, así ya, no habría vuelta atrás. Simplemente, sentí  que tenía que ir y, ahora, sé cuánto bien me
ha hecho. Los aventureros  viajeros
suelen decir que “cuando empiezas, no paras, es como un vicio”, algo así, vino
a decirme mi amigo Paco en una ocasión y, vaya, sí que es cierto.
Después de vivir en África, me fui a Londres y, tras un año
en Inglaterra, decidí pasar una temporada en mi tierra, Extremadura, y,
es aquí donde estoy, en mi pueblecito, Barcarrota. En uno de mis ratos al sol,
me vino a la mente una reflexión “Raquel, será que te gusta vivir como cocinas…”
y acto seguido estas palabras; 
Cocinar y vivir, dos caras y un destino,
sin receta, sin
pausa,
con un mismo fin “disfrutar sin más”
y la indecisión
del toque final, que, 
habrá que probar y comprobar.
Y, he aquí la conexión, vivo y cocino de la misma manera,
sin receta, despejando la mente, para que la creatividad me guíe, dejando
cabida a la espontaneidad y disfrutando del Mágico sabor que ésta nos suele
dejar. Siempre hay unas bases, unas reglas, por supuesto, pero, a veces, es muy
positivo salirse del “camino” y aprender a mirar desde otra perspectiva. 
A lo largo de nuestra vida, se nos presentan muchas
bifurcaciones y, constantemente, estamos tomando decisiones y, la duda, nos
suele chinchar de vez en cuando, pero, ahí es donde me acuerdo de eso de “conectar
puntos”, esa manera de ver que nos mostró 
Steve Jobs, cofundador de Apple, y que como él mismo decía “No puedes
conectar los puntos (las experiencias significativas de tu vida) mirando hacia
delante, tienes que hacerlo mirando siempre hacia detrás”. Confío en esto y,
mientras voy avanzando, voy entendiendo las conexiones. 
Mi próxima aventura está por llegar, aún es un misterio y
estoy entusiasmada con hacerle frente; mientras, disfruto cada día, con mi
gente, mis enredos culinarios y mis sueños.

 

Sin más, dar las gracias a Sinestesia Gastronómica, por las
alegrías y la compañía que me ha dado, por la gente que me ha presentado.
Quiero seguir fusionando los sentidos, perdiéndome entre especias y haciendo
amigos. A ellos, les dedico esta pequeña reflexión, pero, sobre todo, a una  chica entusiasta y soñadora, cuya fortaleza y
alegría, hacen frente, día a día, a un nubarrón que se le ha plantado en el
camino. Admirada y afortunada me siento de ser tu prima. No dejes de soñar, por
muy loco que pueda parecer ¡tu sueño se cumplirá! Porque, otra cosa no, pero,
lo cierto es, que la realidad es consecuencia de nuestros pensamientos. Así que, puede ser, que Tempo Music sea ese primer punto.
PD: las dos primeras fotos son productos Extremeños, preciosa puesta de sol y los dulces de Marabé, la pastelería más antigua de Barcarrota y autora de dar dulzura a nuestra infancia. La última imagen encierra alegría, aventura…todo, es de una de mis últimas noches en Victoria Falls.
Sed felices 
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DESMORE´S HOUSE “MAGIC HIDE IN VICTORIA FALLS “

Después de unos días “in Africa time”
vuelvo a retomar mis andadas por estos lares de la escritura, pero antes de
contaros mi última experiencia, quiero hacer una pequeña introducción que es
esencia de cada momento que crece en estas tierras. 

Hace dos meses que aterricé en
Victoria Falls y la experiencia está siendo más que reconfortable; para
empezar, he dejado atrás los “menús” programados que día a día marcaban el
ritmo de los días en España y he dado la bienvenida a la improvisación. Aquí,
sólo sabes que no sabes que te pasará mañana, sólo que tienes que estar
preparada y con los ojos bien abiertos, porque los planes se alternan al ritmo
de las horas. La mejor respuesta es “por qué no”… lo mejor es probar las cosas,
así que, hay que ir degustando los días según se van cocinando, porque aquí la
receta es de “fondo de armario”.

Momento “Picture” con “Chistera” improvisada por Desmore

Uno de los festines y encuentros
más populares en Vic Falls son las barbacoas “braai” y suelen celebrarse los
domingos a partir de las 3 y hasta que el cuerpo aguante. Pero, he de decir que
esta semana ya he tenido dos braai, cómo no, improvisadas, una interior y
gracias a mi amiga Leath y otra en casa, con nuestros amigos guías de Kananga –agencia
de viajes y aventuras-. Y a esta semana festiva se suma la “Pizza Party” en
casa de Desmore,
que pasaré a detallar, pues el lugar es digno de mención y la
diversión que ofrece más que apetecible. 

Ambiente, menú y distracción a la carta 

Desmore´s House es un alojamiento
tipo casa rural, con capacidad para 8 personas y con una decoración única “extravagante”
que combina varios estilos,  desde un
salón con cocina americana, multitud de colores, al estilo “pop” con sillones
tipo puff hasta la decoración más sencilla “clásica” en alguna de las
habitaciones. 

Y, cómo no, cuenta con un
espacio al aire libre, que cuenta con varias zonas: por un lado, el comedor en
el jardín
“perfecto para organizar almuerzos, cafés, cenas o lo que se tercie”
que cuenta con un horno de leña muy oportuno; frente a la piscina, se encuentra
la zona “chillo out”
, ideal para disfrutar de unos cócteles o una copa, entre
amigos, y con buena música de fondo. Me encantó también la cocina, amplia y con
todo tipo de detalles. Por tanto, es un sitio perfecto donde alojarse,
tranquilo, con todo tipo de comodidades, pero sin perder la esencia de los “Lodges
africanos”
, con su estructura de madera y sus techos de elephant grass. No es
un lugar que se publicite, por tanto, sólo puedes conocerlo a través de amigos
o gente local y es uno de los sitios más cotizados para organizar una fiesta
privada. 
Desmore ofrece la casa tal cual
está, pero el decorado cambia “con gusto” según la temática, la hora del día y
las preferencias de cada uno; él te recrea un ambiente a medida, así como la
oferta gastronómica, que puede ser desde una braai de carne o pescado, un tarde
de té con diferentes, tartas, cócteles, helados, unas pizzas caseras y
horneadas “In situ” o una cena romántica bajo una alfombra de estrellas… todo
es posible en este espacio, sólo hay que tener ganas de pasar un buen rato. Por
supuesto, el espectáculo es otra de las opciones, qué mejor que un baile de
fuegos al ritmo de los tambores…
Momento Pizza “un show cooking
sabroso y con somrero”
Mi “aperitivo” en casa de Desmore
consistió en una degustación de pizzas, cocinadas en directos, en cuatro
versiones que se anunciaban en la pizarra: vegetariana (olivas, queso feta y
albahaca), dulce (de pollo con anacardos y cebolla), del campo (bacon, ajo y
champiñones) y la picante (ternera, especias y chile). Todas deliciosas y,
personalmente, me quedo con la vegetariana y la picante. Tras la cena, dimos
paso a las copas –no faltó el licor de la tierra, Amarula- y, al son de los
tambores, disfrutamos del espectáculo de los fuegos. 
Desde luego, una experiencia más
que recomendable… El ritmo de Africa cambia de menú cada día y el secreto está
en descubrirlo y dejarte llevar por su melodía. 
Salón de Belleza y Peluquería

Otro de los estupendos servicios en este lugar de ensueño es el salón de belleza: Desmore es un excelente peluquero y estilista, y sus peinados se lucen en las fiestas y ceremonias más importantes de la Vic Falls. Es un lujo estar al aire libre y en la peluquería, en plena naturaleza; así como, hacerse la manicura o otros menesteres “para lucir bella”. Como no, también se puede contar con los servicios de un masajista si se desea Así que, no me iré sin “ponerme en sus manos”, jeje… un cambio de aires junto con un cambio de looc no puede sentar mal.

PD: no podía dejar de nombrar a Fiona, el otro dueño de la casa y que es reflejo de ella, jeje… ¡qué monada!

Para más información: http://www.662reynard.co.za/ 

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Hotel CHOBE MARINA LODGE, Kasane

La Buena Mesa al son de la Naturaleza
El pasado lunes 23 de julio,
Elena, Mario y yo, partimos rumbo hacia Kasane, ciudad al norte de Botswana,
puerta del famoso Chobe National Park y próxima a Victoria Falls –80 km que,
entre aduanas y demás, se hacen en 2 hrs en coche-. En primer lugar, fuimos a
dejar las maletas en el Hotel “Chobe Marina Lodge”, donde nos recibieron con
una copa de bienvenida “tipo mosto” que viene precedido de una toallita húmeda
con aromas de eucalipto. Después, no podíamos hacer otra cosa que quedarnos
maravillados con el paisaje, así que, nos tomamos un té frente al río. A las
13.30 hs pasamos al restaurante “tipo buffet” dónde disfrutamos de un almuerzo
junto a Heath Dhana – Consultor especializado en hostelería y turismo-. A
destacar, el plato típico de Bostwana, que consiste en un plato de sadza, con
verduras y carne  “beef” de ternera,
cocida durante horas y desmenuzada. Al ser tipo buffet, el comensal puede
elegir entre una selección de ensaladas con varias salsas –otra cosa no, pero
salsas por estos lares, hay donde elegir-; varios guisos de carnes (el warthog
–especie de jabalí-  estaba realmente
exquisito) y, como postres, pudin, helado, frutas, tartas, yogurt… Yo me
decanté por el helado de vainilla con pudin de chocolate (el pudin era tipo
brownie, pero casi derretido, con mucho chocolate, con lo que la combinación
con el helado resultaba exquisita).
La sobremesa se dispuso sobre el
río Chobe,
ya que a las 15.00 hs disfrutamos de un safari en barco por el río,
en el Chobe National Park –limita al norte con el Okavango River y es una zona
“infectada” de fauna-. Hipopótamos, elefantes, cocodrilos, búfalos, y las más
variadas clases de pájaros están esperándote en este hábitat, digo de ser
visitado. El safari termina con la puesta del sol y un tentempié a pie de proa,
con el crepúsculo de la puesta de sol “como diría mi amigo Gonzalo Sol”, ideal
para brindar con una cava rosado. Al caer el sol, y a eso de las 19.30 todo se
dispone para la cena, pues recordemos que aquí el ritmo de vida es totalmente
inglés. El Hotel Chobe Marina Lodge cuenta con dos restaurantes, uno tipo
buffet y otro “más exclusivo y a la carta”; repetimos experiencia y cenamos en
el buffet que, en la noche, siempre ofrece una sopa tipo crema “de brócoli,
calabaza…”, asado de carne y selección de ensaladas y guisos.
Al día siguiente, otro safari nos
esperaba, pero “de tierra” y a las 5 de la mañana ya estábamos en pie. De
noche, mucho frío, pero una experiencia en todos los sentidos; vimos manadas de
elefantes –dos, una cría y su mamá nos pasaron por delante del coche
“increíble”- búfalos y muchas jirafas -me encantan, se quedan paradas frente a
ti, sin inmutarse, observando y trasmiten mucha calma-. De regreso al hotel, se
hace una parada en medio del parque, para tomar té, café y pastas. Ambos
safaris duran 3 horas aproximadamente y hay que decir que los guías son grandes
profesionales, expertos conocedores de la zona, la fauna y saben trasmitir muy
bien el alma y el qué hacer de los animales que habitan aquí. Los guías cuentan
con una preparación de 6 años y es increíble cómo detectan los animales, tienen
vista de águila como mencionó uno de ellos.  

Tras el safari, regresamos al
hotel y disfrutamos de un desayuno internacional, por supuesto, el más cotizado
es el inglés, huevos o tortillas, con bacon y alubias.  Después de relax, frente al paisaje, hasta el
almuerzo, en el que estuvimos acompañados por Heath Dhana y Carla Graef (por cierto, Carla tiene un blog sobre príncipes, besos y ranas que os animo a visitar “Besando Príncipes”). Carla, es una chica encantadora
que, tras años en España, decidió emprender una nueva vida en estas tierras.
Lleva 3 años en Kasane y, como ella misma mencionó “es la diseñadora de páginas web de
Kasane”.

Fue un placer disfrutar de su compañía y nos enseñó el centro del
pueblo y los comercios de la zona. Más o menos, os he resumido mi
viaje y estancia en el Chobe Marina Lodge, pero no quiero dejar de mencionar
algo sobre el hotel, pues es realmente una gozada. La construcción de estos
alojamientos está plenamente integrada en el paisaje, de tal manera que se unen
al entorno como si fueran parte de él, respetando “el cuadro” de la naturaleza
y el paso de su ritmo.

En concreto, este hotel está categorizado como de lujo
(un 4 estrellas) y su distribución se dispone gracias al conjunto de varias
“casitas” independientes y completamente equipadas (con cocina, baño, salón y
varios dormitorios). Por otro lado, hay un edificio que cuenta con habitaciones
individuales, perfectamente acomodadas y acondicionadas (minibar, microondas,
camas con mosquitera…) y muy acogedoras “doy fe de ello, jeje…” En resumen, casas
bajas, con techos de Elephant grass y que, en España, lo más parecido que tenemos son los alojamientos de turismo rural.
Espero que, una vez más, hayáis
disfrutado con mi experiencia. Yo, por mi parte, quiero agradecer a Heaht Dhana
su atención en este viaje y su hospitalidad; y a Elena Regot y mi primo Mario, por su compañía.
chozo-ndembele

GASTRONOMÍA EN ZIMBABWE

Sadza, mucho más que una comida

Hace relativamente poco tiempo
que estoy en el continente africano, pero, el pasado viernes, 13 de julio, fue
uno de los días para archivar en la memoria y poder recordar siempre, en donde
quiera que esté. Y es que tuve la gran suerte de ir al Village Ndembele y estar
toda la mañana con Mpisi, el gran chief de la tribu, que nos acogió como si
fuéramos de la familia, todo gracias a José Luis, quien lleva aquí 3 años y que
es muy querido en el Village. Además, fui con un grupo de españoles (Cris, Ana,
Fidel e Iván) que conocimos en el Lola´s Tapas and Bar y que estaban en su
penúltimo día de viaje –llenos de emoción y sin ganas de alejarse de este lado
del mundo, jeje…-. 

Sabiduría, reflejo de la Naturaleza

Llegamos al poblado y allí estaba
Mpisi, esperándonos con una sonrisa radiante y pausada. El Village se compone
de unos cuantos chozos, donde vive con la familia. Todo en armonía, limpio,
impecable y con las cataratas Victoria perdiéndose en su horizonte, sensación
con la que empecé el recorrido, pues hicimos un tour, en el cual el chief nos
mostraba su casa y su forma de vida (las habitaciones, la cocina, su
despacho…). A todo esto, Mpisi es el chief desde 1974 y tiene 68 años, que no
aparenta en absoluto “el secreto de mi juventud es que es todo natural –reía-“.
Os contaré, a modo de resumen, algunas de las características de su forma de
vida, para pasar a relataros el almuerzo ofrecido, reflejo de la vida africana
–en cuanto a gastronomía se refiere- en Zimbabwe.

Deciros que es asombroso como
viven, no quiero decir “sin lujos” porque quizás el lujo realmente es como
viven ellos, son felices y hacen y viven como quieren. Las casas las construyen
ellos, el suelo es gratis, no pagan facturas –ni de luz, ni de agua…- y su
único compromiso es mantener el medioambiente, con una filosofía de vida “si
respetas la naturaleza, ella te respetará a ti”. Como curiosidad, deciros que
la cocina es el lugar de reuniones, donde se llevan a cabo la toma de
decisiones, al igual, es el lugar indicado, para curar a los enfermos o, en
caso de fallecimiento, el lugar donde el cuerpo reposará unos días antes de partir rumbo a
otra vida. Su moneda de cambio, es el trueque, mayormente con animales, y su
medicina es natural, nunca toman medicamentos; por ejemplo, para aliviar
dolores estomacales, emplean el polvillo que quedan las avispas alfareras en
sus nidos –formados en el interior de sus chozos-. 
Comida tradicional zimbabwesa

Tras el recorrido, nos dirigimos
al templo de las celebraciones, donde nos esperaba todo un convite, su hija
y el yerno del Chief. Al entrar, primero, has de lavarte las manos en la
entrada, pues es su ritual diario, ya que se come con las manos. Una mesa
“característica”, con repisas, se mostraba repleta de cazuelas que aguardaban
el menú. Mpisi, se acercó a mí y me mandó deberes “te explicaré el menú, para
que se lo trasmitas a los demás” y así hice. Pollo a la brasa con tomate natural
y arroz (ambos platos los suelen poner cuando tienen invitados, pero, sólo lo
hacen en días especiales), estofado de ternera, covo con cacahuetes y sadza.

Pero, antes de servirse el plato combinado, nos sirvieron crema de calabaza y
estaba exquisita, creo que la mejor que he probado; calabaza y agua, a fuego
lento, en la hoguera, sin más añadidos, con una textura suave y algo rugosa
–pues no está triturada- en platos de madera –tallados por ellos mismos-, sin
duda, un sabor auténtico.  

La calabaza es un producto muy consumido en Zimbabwe
y, por tanto, en crema o a la brasa, suele ser otro de los ingredientes más consumido.
El pollo, otro manjar, a la brasa, en su jugo, riquísimo (mi primo Mario
disfrutó con el pollo, decía “el mejor que he comido”, jaja). Y llega el turno
del sadza, el covo y el estofado, los 3 pilares de la dieta diaria de la
mayoría de los habitantes en Zimbabwe, pues es su plato más tradicional. De
hecho, cada día suelen comer esto, ya que es una comida muy nutritiva y barata,
cambiando la carne del estofado, según existencias (ternera, impala, kudú…); sólo comen una vez
al día, pero en cantidad abundante.

El sadza es como si fuera el pan
(insípido, como unas gachas de maíz blanco) y se va moldeando con las manos
“formando bolitas” que acompañan con la carne y el covo (una verdura similar a
las acelgas, que cocinan con ajo, cebollita y crema de cacahuetes). Personalmente,
el menú me encantó, el ambiente “singular y saludable” me enamoró y la
experiencia para no olvidar y para repetir –todos estábamos encantados,
extasiados con las anécdotas del chief y queriendo detener el tiempo por unos
momentos-.

También hubo postre, un
puñado de cacahuetes tostados 
–más sano imposible, jaja-. 

Aún, me queda mucho por ver y por
probar (sobre todo, las carnes exóticas, que son deliciosas), así que, os
seguiré contando, porque, aunque el sadza es lo más típico, también aprenderé
y observaré cómo cocinan por esta parte del mundo y con qué productos –la mayoría son importados de
Sudáfrica-.PD: el otro día, en casa de unos vecinos que nos invitaron a una barbacoa, descubrí una salsa de chocolate -chocolate de cobertura, leche condensada y crema de cachuetes- para el helado de nata, a eso me refiero, a ir adquiriendo sus “mezclas y hábitos”.

¡Hasta la vista amigos viajeros y comensales!