Bocados Uniformes

«Entre mucho Tiki Taka de Quita y Pon»

El fondo de armario, cuántas veces hemos dicho “me compro esto, es un básico, fondo de armario”, una prenda tal cual uniforme, sienta bien, no pasa de moda, no cansa. En la despensa, también tenemos ingredientes imprescindibles y, en la barra de un bar, las tapas clásicas podrían ser nuestro fondo de armario.

Citas clásicas dónde tomar bocados Uniformes

Uno de los iconos del pincho de Tortilla en la ciudad de los gatos, es Sylkar, situado en el número 17 de la calle Espronceda (Chamberí) donde abrió hace ya 50 años; permanece fiel a sus tapas y raciones de siempre. Cuenta con clientela fija y es parada obligatoria para foodies que pasan por la ciudad. Comer allí siempre es un acierto, carta amplia con platos tradicionales, versión tapa o ración.  Entre los más demandados, el pincho de tortilla, sus croquetas, las alcachofas, la ensaladilla rusa y los chipirones en su tinta. Sin olvidar que sus torrijas y su arroz con leche son de los más afamados en la  ciudad.

A pesar de haber trabajado durante años muy cerquita, a la vuelta de la esquina, no lo he frecuentado muy de seguido, la amplia oferta me ha ido tentando ante la curiosidad de probar nuevas propuestas. La primera vez que estuve en Sylkar fue en el 2010, recuerdo que hice un post de la experiencia (puedes verlo aquí, aunque la edición es antigua y mi línea de escritura también ha evolucionado).

El otro día, pasé a tapear para un break en el trabajo y volví a probar sus croquetas y su ensaladilla rusa; el mismo sabor, textura de siempre, bocados sencillos bien elaborados.

Nos dieron la mesita que está al fondo, frente al pase de la cocina. Una señora sentada allí, trabajando, tomando notas… Mi compañera Ángela, una de esas clientas asiduas, entabla conversión con ella, le pregunta por la zapatería. Era María, la dueña. Desconocía yo que la zapatería, que estaba en el esquina de Alonso Cano y que ha cerrado recientemente, era de ella. Nos contó que llegó el momento y que, desde el cierre, echaba una mano en el restaurante familiar. Ahora, cuenta con terraza a pie de calle, como muchos bares, y, gracias a esto, han sobre llevado estos altibajos de la hostelería debido al covid19. Nos contó que nunca habían querido tener terraza, pero que estaban agradecidos, está siempre llena y ha permitido rentabilizar el negocio.

Siempre es agradable pasar por esta casa de comidas, de historia y tradición, para picar algo, comer o cenar; su oferta es bastante amplia y da para todos los gustos. Madrid cuenta con muchos templos gastronómicos con solera y es un gustazo pasar por ellos… Por recordar algunos, Bodegas Rosell (muy fan), Casa Dani y su pincho de Tortilla o Casa Labra y su bacalao rebozado.

De La Capital a Guadalajara

Pasé por Guadalajara a ver a unos amigos, plan sin plan, el objetivo era verles y pasar un día con ellos. Tras un paseo en plena naturaleza, acabamos tomando un vermut que se alargó por horas. Sentados en la terraza del Bodegón Atienza, estábamos tan a gusto que las horas pasaban y allí seguíamos, comida, sobremesa y copeo. No tomé ni una foto, estaba off del móvil, ojalá hubiera sacado algunas porque los platos me sorprendieron de lo lindo. Con cada bebida que pedías te ponían una tapa (pinchos variados y migas).

Para comer, pedimos pulpo con puré de patatas, sepia a la plancha con alioli, solomillo, huevos rotos y arroz con bogavante (este último yo ya no lo probé). Todas las raciones exquisitas, calidad de ingredientes y perfectamente cocinados. De postre, tomamos tartas “costrada le llaman” a unas milhojas de crema con merengue tostado.

Antonio Marina es el anfitrión de la casa, cocinero y dueño del restaurante. Según pude oír (pues entabló conversación con mis amigos un par de veces) es un restaurador con solera en la ciudad y había cambiado la localización del negocio, estaba contento en el nuevo local y nos dijo que, al final, si das buen producto, los clientes te siguen.

La única pega podría decir que es la lentitud del servicio, algunos platos tardaron mucho y hubo algún olvido que otro. Eso sí, la atención muy correcta. El camarero gaditano que nos atendió con la gracia especial de la gente de Cádiz, muy majo.

Espero poder probar el cochinillo algún día, por lo visto es un gran reclamo y un éxito en su carta de take away, lo piden mucho por encargo. Atienza es otro lugar donde los bocados son uniformes, clásicos bien elaborados y de los que una nunca se cansa de pedir.

Remato mi escrito con el fin de mi escapada, de nuevo en Madrid, desayunando en La Magdalena de Proust. Este sitio no lo tenía en pendientes (se me había escapado) y eso que pasé varias veces por la puerta (sitio totalmente acristalado con grandes ventanales) y me quedé mirando el escaparate. No retuve su nombre, qué raro, ya que es muy peculiar. Miré opciones cerca de mi alojamiento y, ahora sí, lo marqué para desayunar.

Es una panadería-cafetería con horario ininterrumpido, donde puedes desayunar, tomar un Brunch, comer, merendar o inclusive picar algo para cenar (hora temprana). Pedimos la tostada vegetariana con aguacate, un café con leche y un americano.

La tostada estaba bastante buena, correcta, con aguacate, queso crema y frambuesas, el café con leche también, pero, el americano, no gustó nada a mi acompañante. El sitio es muy acogedor y se respira calma, ideal para no ir con prisas y disfrutar al compás de una buena charla. Me quedé con ganas de probar los huevos benedictine sobre pan brioche, pero no iba con tanto apetito y, según vi (la mesa de al lado lo pidió) es una porción bastante grande, más para hacer un brunch (lo tendré en cuenta para la próxima vez).

No fue muy acertado el servicio, el camarero que nos atendió estuvo bastante despistado, tanto al tomar nota como a la hora de servir (con error en comanda y en precios). Puede que no fuera su día, eso ya… no lo sé. Salvo esto, un sitio bastante recomendable.

De vuelta a Zaragoza, empanadas argentinas de Malvón; para mi sorpresa, mi amiga Cinthia me había comprado unas cuantas; yo feliz, otro pendiente improvisado tachado. ¡Qué ricas están estas empanadas! Sin duda, si estuviera en Madrid, iría más de una vez; tienen unas combinaciones muy sugerentes y mucha variedad de rellenos.

Siempre lo digo, lo mejor, tener la opción de elegir, alternar los sabores clásicos con los nuevos, sabiendo que si quieres acertar “los uniformes” siempre son un acierto; las innovaciones tienen su momento ¡Hasta la próxima!

2 comments

  1. A seguir disfrutanfo

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