MENÚ DE CUENTO EN YANKEETOWN

I was born Lost and take no pleasure in being found –John Steinbeck-

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 7

 

Festivales, restaurantes, viajes, estar a punto para presenciar todas las actividades programadas y no olvidar nada, un sin parar desde mi aterrizaje en Bradenton. Muchas experiencias acumuladas, lecciones aprendidas y gente conocida. Entre tanto movimiento, me propusieron pasar unos días en Yankee Town, un pueblecito pequeño de apenas 500 habitantes en la Costa Oeste de Florida. Me encanta conocer sitios, la aventura improvisada y desconectar de todo, así que, no dudé en decir “sí, será un placer acompañaros”.

 

RoadTrip en Tres pasos y con Tres Protagonistas
En este cuento, hay 3 princesas con varias conexiones que os iré contando; Diana Stewart, Emily (hija de Diana) y yo. Con Diana camino todas las mañanas una hora en el Parque Robinson, pero de Emily solo había oído hablar. Estaba deseando conocerla en el viaje. Emily es de mi quinta y fue la primera estudiante que viajó a Barcarrota como embajadora de Bradenton. Diana es de Puerto Rico, pero creció en Nueva York y ya hace 30 años que se mudó a esta localidad de Florida.
El lunes 14 de marzo iniciamos el viaje hacia Yankeetown –Ciudad de Yankees, formada por la gente de los estados del Norte-, haciendo parada en Apollo Beach para recoger a Emily. Llegamos al pueblo, que más bien recuerda a un barrio residencial, pues no tiene centro ni estructura de ciudad y fuimos directas a la casa de Diana. Lucía encantadora por fuera y se sentía entrañable en su interior. Era como estar en una casa del árbol frente al río, lejos de todo, sin internet, ni siquiera en el móvil. Me sentí entusiasmada. Dejamos las cosas y nos fuimos al Parque Withlacoochee Gulf Preserve; nos subimos a la torre y fue un lujo disfrutar de las vistas y escuchar a la naturaleza.
Regresamos a la casa y disfrutamos de la cena que preparó Diana; “una sopita”. Para mi sorpresa, más que una sopa, era un cocido. 
Diana me explico que aquí llaman sopa a todo lo que tenga caldo con algo. Una delicia de sabor este guiso de receta puertorriqueña, con garbanzos, verduritas y mix de especias, que acompañamos con pan con mantequilla y una cucharadita de sour cream antecedida de un brindis de copa de vino. Sesión de cine y dulces sueños.

 

El martes 15 tocaba visitar Cedar Key, uno de los puertos más viejos del estado de Florida y lugar elegido por muchos artistas y escritores, por lo inspirador que resulta. Preparamos unos snacks de pretzel de mostaza/miel (muy ricos) y unas Mimosas (Cóctel de Champagne más zumo de naranja) para el camino. Llegamos al pueblo sobre las 11, paseamos e hicimos algunas compras. Tras esto, llegaba la hora del lunch (el almuerzo) y nos decantamos por el Black Dog Bar, pues la condición era comer frente al mar y disfrutar del maravilloso día que hacía. Pedimos unas cervezas, dimos paso a la charla y, mientras nos traían la comida, delfines en la mar ¡Una gozada! Diana pidió una Hamburguesa de pescado Mahi y, Emily y yo, nos decantamos por los Tacos Mahi (un pescado también conocido como «dorado-delfin» -sin tener nada que ver con este mamífero) con pico de gallo y salsa picante, acompañados de aros de cebolla. Además, compartimos unas almejas al vapor con ajito que estaban muy ricas.
Fue un acierto, las vistas y la buena comida hicieron que el servicio lento y un tanto desastroso perdiera importancia en esta experiencia. Dimos un paseo, ultimamos compras y partimos hacia YankeeTown.
Más películas para la noche y una porción de tarta de chocolate con helado como cena, una sonrisa y a dormir.

 

Miércoles 16, rumbo a Bradenton: casi sin darnos cuenta, el cuento se terminaba y había que regresar. Me levanté y la casa olía a coco, avellanas, café; era el café favorito de Diana y Emily, para ocasiones especiales, que nos esperaba para el desayuno.
Es una mezcla diferente, de Jamaica con aroma de avellanas y que me recuerda a la Navidad –no me preguntes por qué-, pero para el día a día, prefiero el café tradicional. Antes de marchar, vimos la película “The Way” (El camino), una historia basada en hechos reales, acontecida en el Camino de Santiago y que, si no la has visto, te la recomiendo. Recogimos y nos pusimos en marcha. Yo había llevado un Chocolate negro con Chile Chipotle y Cerezas para que lo tomáramos con vino tinto; no se terció y lo puse en el coche por si caímos en la tentación, jeje.

 

Llegamos a Apollo Beach para dejar a Emily en Casa. Antes, me llevaron al Manatee Viewing Center, para ver si veía manatíes o vacas marinas. No hubo suerte, pero las vistas que ofrece este parque merecieron la pena. Llegamos a la preciosa casa de Emily, frente al río y voilá “plan inesperado” que cumplió mi propósito y lo mejoró. Emily abrió una botella de vino tinto del Sur de Chile “Smoking Loon Pinot Noir” que fue el compañero perfecto para el chocolate negro que se estaba resistiendo.
 
Me sorprendió el chocolate, elegante, dulce y ardiente al final con un toque ahumado -recuerdos a tabaco- ; el vino equilibró perfecto, potenciando su sabor y suavizando el picante. Este maridaje es oportuno para ver un atardecer, sea donde sea, al aire libre o frente a una chimena, redondeando el ambiente que el calor del fuego nos regala. Aquí, un ejemplo más de como las cosas tienen su momento; yo, en particular, apasionada de los sabores de la vida, busco esos momentos de conexión, aunando apetencias, buscando sabores redondos, más allá de costes y precios ¡La espera a veces merece la pena!

 

Hasta aquí mi parada de aventura con Diana y Emily, unos días que quedan en mi memoria y, ahora, en estas líneas. Gracias chicas por hacer que esta historia pueda ser contada. 
A ti, lector, te aconsejo que seas paciente, que las puertas se abren y que mientras tanto no te cierres a lo imprevisto, es un buen condimento para dar sabor a la vida.
Gracias por dedicarme tu tiempo. Algún día espero tomar un café contigo y seguir parloteando.
Un abrazo y hasta la próxima. Raquel

GERMAN COOKING WITH HELGA IN BRADENTON

“Being open to news ingredients is the best way to enjoy the recipe of Life”

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 6

Ya hace casi dos meses que llegué a Bradenton (2 ª ciudad para los Barcarroteños, pues ambas ciudades están hermanadas y a sus espaldas años de relación e historia) en Florida. Desde el primer día, me sentí como en casa por la cálida acogida y encantada con la ciudad –playa, buen tiempo y mucho por hacer-. El tiempo pasa muy rápido, más si la actividad es constante y una se siente bien si me has seguido la pista, ya sabes de lo que hablo. Mi intención con estos escritos, aparte de guardar mis recuerdos, es informar sobre los placeres que este viaje me está regalando, ya sea a través de la buena mesa o la buena causa. Quién sabe, quizás tú, seas el próximo/a y te sientas identificado al leer estas líneas.

Hoy voy a dedicar el post a Helga, una mujer alemana, buena cocinera y un encanto de persona afincada en Florida desde 1965.

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DE FESTIVALES VA LA COSA ¡OLÉ!

Certainly, Travel is more than the seeing of sights, it is a change that goes on, deep and permanent, in the ideas of living -Miriam Beard-

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 5
Los días pasan muy rápido, sobre todo cuando una está a gusto, aprendiendo cada día, tomando nuevas referencias y adquiriendo bonitos recuerdos. Hasta ahora, he presenciado y participado en varios festivales en Florida; conciertos, eventos, entre música, cerveza –vino para mí- y comida junk food al estilo street food. En este post, haré un pequeño resumen de los festivales presenciados, haciendo hincapié en las historietas de las comidas que a su paso pude degustar.

 

Beertopia, evento por una buena causa en Sarasota -5 de marzo-

 

Un encuentro patrocinado por Budweiser en colaboración con la Sociedad Histórica de Hernando de Soto, entre otros colaboradores, donde varios restaurantes ofrecen platillos –a modo de tapas- con los distintos tipos de cervezas –de todas las clases y colores-. Un tour a través de la comida americana, mexicana, japonesa e italiana, incluso había ostras gratinadas –riquísimas-. Había casi 300 personas, música country en directo y mucha energía positiva.
Beertopia se celebra desde hace años y el fin es recaudar fondos para comprar gafas a niños necesitados. Para mí, un día inolvidable, donde además perfeccioné mi técnica a la hora de tirar una cerveza –siempre se me dio fatal, jeje- y tuve la oportunidad de conocer a más gente de Hernando de Soto.

Tapas españolas y Música Reggae en St. Petersburg (Florida) -10 de marzo-

Inicié el finde el jueves con una noche bastante entretenida, empezando con una cena en el restaurante favorito de Karsen, Ceviche. La carta ofrece una amplia selección de tapas tradicionales españolas, algunas un tanto versionadas, así huevos rellenos, patatas bravas, bacalao a la bilbaína, ancas de rana, entre otras. También, haciendo honor al nombre del restaurante, tienen una oferta atractiva de ceviches.
Nosotros hicimos un tapeo ligerito con una de papas bravas, pollo al Jerez y unas gambas bravas con alioli picante sobre cesta elaborada con tortilla vegetal de maíz –para mí, la mejor tapa de la noche-.
Este lugar es famoso por sus jarras de sangría; por supuesto, pedimos una jarra grande para tres. Nos hubiera bastado con la pequeña, ya que tuvimos que terminarla a toda pastilla ¡El concierto estaba apuntito de empezar! La jarra da para 6 vasos grandes. No me olvido del aperitivo, pan calentito con un cuenquito de salsa a base de aceite de oliva, perejil, ajo, chiles y cilantro –un detalle bastante rico-.
Digamos que es un local de comida española con una decoración cuidada, luz tenue, colores rojos que recrean un ambiente entre pub-restaurante y comida española “fancy”, es decir, con presentaciones minuciosas y raciones justas.

 

Tras la cena, disfrutamos de la música de la banda Badfish en Jannus Live, un espacio al aire libre y no excesivamente grande, pero muy bien habilitado. Esta banda toca canciones del conocido grupo Sublime. Pasé una noche estupenda en compañía de Karsen y Ben.
Kick off by Hernando de Soto, saque inicial -11 de marzo-

 

Sí, el viernes tuvo lugar la fiesta Kick off que literalmente significa “saque inicial o punto de partida” y es que con este evento se inaugura la etapa de las fiestas de Hernando de Soto en Bradenton. Por lo visto, a partir de ahora, un evento tras otro hasta el día del baile (29 de abril) donde se elegirán la princesa y la reina de Soto.
Además, conoceremos también a la embajadora de Bradenton que viajará a España para conocer nuestra cultura y disfrutar de Extremadura por 3 meses. Kick off es un evento exclusivo para los miembros de la Sociedad y fue un honor estar allí y compartir mesa, baile y buena charla con gente tan maja. Estuvieron también todas las candidatas a reina para el 2016, además de la reina y la princesa actuales, Ellie y Bailey –unas chicas encantadoras-.
También hubo bebida y comida,cómo no, pero en este día, esto quedó en un tercer plano, aunque he de decir que estuvo muy bien. Barra libre -me tomé un margarita muy bueno-; comida tipo buffet, ensaladas, ahumados, carne mechada con alubias y cookies de chocolate/avellanas de postre. 

 

Florida Renaissance Festival en Tampa -12 de marzo-

 

Con apenas unas horas de descanso, el sábado tocaba madrugar para pasar el día en la Edad Media entre jóvenes americanos y, por lo que vi, con mucha cerveza. Se trata de un evento que recrea el siglo XVI en todos los aspectos y que tiene lugar todos los fines de semana desde el 13 de febrero al 27 de marzo. Nada más entrar, sientes la magia del lugar, al aire libre, en pleno campo, donde se forman callecitas de puestos y escenarios con distintas actividades. Me llamaron mucho la atención los puestos de artesanía, desde perfumes, jabones, trajes de la época, abalorios y destilados, entre otros. Uno de los más característicos fue el  de “cuernos vikingos”, no solo para tocar, también usados para beber a modo de bota.

A lo largo del día, suceden varios espectáculos típicos de la época; vimos un grupo de acróbatas cuentacuentos muy gracioso, un hombre en sintonía con un búho, música en directo, alguna que otra hechicera –de hecho, Jessi quiso que le leyera la línea de su vida, yo no creo en estas cosas, pero bueno, cada uno…-. Cómo no, la comida también es protagonista en este festival del Renacimiento, pero en este sentido, la oferta es comida internacional callejera y actual. Yo me tomé un Banger and mash que nos es otra cosa que una salchicha grande con puré de patata. Había unos bocatas de carne mechada con muy buena pinta “prime rib”, fajitas, sopas, huevos con bacon… y una amplia selección de dulces, donde el Pretzel fue el protagonista. 
En definitiva, un evento para todas las edades y para pasar el día en aires de antaño, relajadamente. Aunque no tiene nada que ver, el ambiente me recordó al día de San Isidro y a la fiesta que hacemos en su honor. En Barcarrota, disfrutamos de la romería bajo nuestras encimas, música y otras atracciones.  Una de las cosas más llamativas es que muchos de los asistentes llevan ropajes de la época, algunos bastante curiosos la verdad.
Saint Patrick´s Day and Hernando De Soto Float -17 de marzo- 

 

El día del Patrón de Irlanda sin saber por qué no solo se celebra en Irlanda, el color verde y la fiesta de la cerveza se dan en más de una parte del mundo y en Bradenton lo celebran a lo grande. No tenía planes para ese día, pero me vi en Downtown, con camiseta verde y rodeada de un ambiente que me encantó; una banda de Anna María tocando, gente por todos lados bebiendo cerveza verde y yellow shots –chupito de vodka y gelatina de lima-.
Justo este día, los miembros de Hernando de Soto se pasean por la ciudad en un coche barco, vestidos con los trajes que los conquistadores de nuestra tierra llevaban en el siglo XVI. Allí no faltamos Karsen y yo, que disfrutamos del festín como dos enanas con la sonrisa de oreja a oreja.
Un día largo que mereció mucho la pena, pues, además, pude conocer a muchos amigos de Karsen, con los que estuve charlando e intercambiando opiniones.

Hasta aquí el capítulo de festivales; se me acumulan las aventuras, pero te seguiré contando con mucho gusto. Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por dedicarme este ratito de tu tiempo.Un abrazo, Raquel

EXPERIENCIA GRIEGA EN FLORIDA, OPA!

A journey of thousand miles begins with a single step

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 4

El viaje continua, bajo planificación pero abierto a cambios previsibles y espontáneos. Dije adiós a Febrero con el viaje a Nueva York y ya tengo la libreta llena de notas del tiempo disfrutado en marzo. En esta ocasión, voy a contarte dos aventuras de Buena Mesa al estilo griego-americano, en breve, entenderás por qué.

Tradición, cultura e historia entre bocados de charla y conocimiento
Siempre lo digo y no me cansaré de repetirlo “cada viaje es un libro abierto, un capítulo que te regala vivencias y gratos momentos para el recuerdo”; sin duda, una de las cosas más importantes cuando se viaja son las personas que conocemos a nuestro paso. No importa el destino, la cultura, siempre hay alguien que te echa una mano cuando lo necesitas; al fin y al cabo, las experiencias compartidas al igual que una buena comida saben mejor en compañía.
En mi aventura americana “so far, so good” respecto a las personas que me rodean; estoy encantada. Kelly, Karsen, Peter, Ben son mi familia más cercana aquí y con los que experimento más cosas. Diana Steward, la amabilidad en persona, se ha convertido en mi compañera-amiga en las mañanas y, siempre que podemos, caminamos una hora por el Parque Robinson. Un paseo en el paraíso, con sol radiante y vistas al río. Diana es de las pocas personas que habla español –y bastante bien- así que ella me habla en español y yo en inglés, el spanglish fluye al andar, jeje…
Ahora sí, los protagonistas del día, La famila Sokos con los que he disfrutado del buen comer y la Buena Charla en más de una ocasión. Gus es el propietario del negocio familiar que iniciaron sus padres hace unos 40 años en Bradenton, cuando llegaron desde Grecia para buscar nuevas oportunidades. Regentan el Restaurante Demetrios´ Pizza House, un clásico en la ciudad que combina la cocina americana, italiana y la griega. Conocí a su madre, quien aún prepara la sopa de pollo en el restaurante –según Kelly, la mejor-; a su mujer Lisa, una mujer activa, elegante y que sabe mucho sobre gastronomía, como ella me dijo “es nuestro negocio”. Me gusta dejarme aconsejar por ella, siempre es un acierto. Asimismo, su hija Eleni trabaja en marketing gastronómico y es muy parecida a mí en cuanto a gastronomía se refiere; organiza eventos muy interesantes en el sector, ya estuve en uno de sus Dinning Club y tengo en agenda algunos food meetings más –os contaré-.
Divertida cena en el mítico Demetrios

Un local dinámico al más puro estilo americano y que resulta familiar, pues luce igual que esos restaurantes de carretera que vemos en las películas. Un menú extenso, pizzas, pastas, ensaladas y una amplia selección de entrantes. En mi visita, probé la “Pizza Alfredo con pollo y espinacas”, los calabacines empanados con salsa Ranch (desde ya, una de mis salsas favoritas), pan al ajo con mozzarella y salsa de tomate y las papas fritas con kétchup (French Fries como las llaman aquí).

De veras, estas papas fritas están muy buenas, eso sí, nada que ver con las que suelo comer los domingos en el campo de mi abuelo (Barcarrota, Badajoz) –de sabor intenso, más saludables y acompañadas de unos huevos fritos con pimientos verdes-. En definitiva, un restaurante recomendable, buena cocina y buenos precios.

Tarpon Springs “donde los griegos se asentaron y las esponjas fueron famosas”
 
Lisa y Gus Sokos querían llevarme en barco el pasado domingo y disfrutar de un día en el mar. Hacía mucho viento y el plan tornó hacía Tarpon Spring o como es más conocida la localidad “Greek Town”; una ciudad ubicada en el Condado de Pinellas (Florida), famosa por ser la capital de la esponjas del Mundo. Estuvimos en el muelle, sitio muy turístico y con gran patrimonio griego; restaurantes de comida tradicional griega, pastelerías con escaparates que muestran los dulces más representativos de esta cultura y tiendecitas de souveniers donde las esponjas naturales son protagonistas. Tras un paseo, almorzamos-cenamos (eran las 5pm) en Hellas Restaurant.
Lisa y Gus conocen la zona muy bien y me comentaron que los restaurantes ofrecen auténtica comida griega, pues son negocios familiares de griegos establecidos en Tarpon Springs. Estaba entusiasmada, pues nada mejor que comer en un restaurante griego en compañía de “griegos” –Gus nació en Grecia y está muy vinculado con su tierra de origen; Lisa, su mujer, ha pasado largas temporadas allí; ambos hablan el griego perfectamente-.

Desde fuera, ya se observa el ambiente, repleto de gente, música griega de fondo, colores “azul-blanco” y luces por todas partes. No estuve nunca en Grecia, pero me sentí en ella por unas horas.Tuvimos que esperar unos 30 minutos; nada mejor que un cóctel para ir llamando al apetito. Pedí lo mismo que Lisa –es un lujo ir con ella, porque tiene un gusto exquisito-; un Cherry Vodka con jugo de limón, me encantó.

Pasamos a la mesa, acompañados de un camarero muy simpático que charló con Lisa y Gus en griego durante el almuerzo. Como aperitivo, pan tradicional y aceite con orégano. En Grecia, también es típico compartir platos –no en Florida-, así que, pedimos unos entrantes al medio. Ensalada Griega con queso Feta y un Dressing Especial (vinagreta) y el Saganaki (Queso Flambeado y aderezado con unas gotas de limón) ¡Ambos platos deliciosos! Es un espectáculo cuando te traen el queso entre llamas; pude comprobar que son dos platos estrellas en Hellas, pues mucha gente los pide, además, fueron los que más me gustaron.
Como platos principales, hay una gran oferta entre carnes, pescados, Gyros (sándwiches griegos con pan de pita similares al shawarma árabe), pastitsio (especie de Lasaña con macarrones, carne y bechamel) y tiropitas/spanakopitas –pies o empanadas de pasta filo, rellanas de queso (Tiropitas)/espinacas (Spanakopitas) que son típicas tanto como aperitivo como para desayunar-. Yo me decanté por la tiropita (me encanta el queso) que venía acompañada por arroz blanco, guisantes y patata asada.

Sin duda, Hellas Bakery & Restaurant es un lugar para visitar si se tiene la ocasión, una experiencia a la Griega en Florida, con una buena oferta calidad/precio. Este sitio es muy popular también por sus pasteles; tienen un gran mostrador con muchas variedades de tartas, pastas y dulces griegos tradicionales, incluso el Tsoureki –pan dulce típico en Semana Santa-. Uno de los postres más clásicos es el Galaktoboureko (pasta filo rellena de natillas).

En mi caso, puesto que estaba saciada, me llevé una selección para el desayuno del lunes. Así, Kourambiedes (galletas de mantequilla y almendra, espolvoreadas con azúcar glass; consumidas en fechas especiales, bautizos y bodas), Melomakaronas (galletitas de Miel y aceite de oliva, típicas en Navidad) y las koulorias (galletitas de mantequillas y que acompañan al café en Semana Santa). Muchas tartas más –de todos los colores y sabores-, tantas que costaba elegir.

Tras el almuerzo-cena, una vuelta por las tiendecitas, un cóctel frente al puerto con música en vivo y un maravilloso atardecer. Un domingo especial en grata compañía: gracias a la familia Sokos, Vickie, Janine y sus respectivos esposos por brindarme esta aventura en Tarpon Springs, donde las esponjas y la mar encontraron una forma de vida.
 
Hellas Restaurant and Bakery
785 Dodecanese Blvd
Tarpon Springs, FL 34689
http://hellasbakery.com/

PERDIÉNDOSE EN LA GRAN MANZANA #NYC

Let´s find some beautiful place to get Lost (Travel Lovers) 

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 3

 

En mi calendario decía “del 25 al 29, viaje a NYC”; desde que lo supe, tenía claro que me encantaría perderme por la ciudad, toparme con sitios curiosos y saborear cada paso, grabando las sensaciones, anotándolas, para no perder rastro ni detalle de este viaje. Entre los consejos que me dieron, me gustó el de la periodista y gastrónoma Yanet Acosta, literalemente “Nueva York es foodie, hagas lo que hagas; qué la disfrutes con Amor”.  Eso sí, desde España, ya tenía algo en mente “probar los Cronuts en el sitio donde fueron inventados”.
Tras esta pequeña reflexión-introducción, pasaré a detallarte, sin aburrirte o eso pretendo, mis paradas en la ciudad global de los Estados Unidos.

 

Día 1, 25 de febrero: Asentándonos en Rooselvet Hotel (Manhattan) 
Eran las 12 de la noche cuando entramos en este emblemático hotel, situado en la Madison Avenue con la calle 45 de la zona “Midtown”, que abrió sus puertas el 22 de septiembre de 1924. Dejamos las maletas y nos fuimos a ver Time Square, un espectáculo de luces, colores y gente por todas partes en la noche. Hacía bastante frío con lo que dimos una vuelta y regresamos al hotel, intentando captar un trozo de pizza en el camino para cenar. No tuvimos suerte, así que entramos en un súper “abierto 24 hrs” y pillamos algo para picotear. En mi caso, un burrito al estilo griego y unos snacks de arroz con paprika (la verdad, estaba delicioso, no sé si tuvo que ver que estaba hambrienta jejeje). Tras cenar y charlar en el hotel, las protagonistas de este viaje, Bailey (Princesa de Hernando de Soto, 2015), Ellie (Reina de Hernando de Soto 2015), Karsen (Embajadora de Bradenton 2015) y yo (Embajadora Hernando de Soto, Barcarrota 2015), decimos apagar la luz y descansar.

 

Día 2, 26 de febrero: Callejeo, MoMA Museum  y Japanese Dinner  
No hubo prisas por madrugar, pero a las 9.30 Karsen y yo estábamos desayunando en el café Manhattan, listas para empezar el día. He de decir que los cafés americanos no consiguen agradarme mucho –al menos por ahora-. Una mañana de callejeo, shopping y tour en bici-taxi por Central Park (me encantó este paseo) hasta nuestra visita al Museo MoMA; afortunadas, porque los viernes a partir de las 4 es gratis. Lo recorrimos con calma y me encantó visitar este emblemático Museo del Arte Moderno, viendo en directo obras como La noche estrellada de Van Gogh, Las señoritas de Avignon (1906) de Pablo Picasso o La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, entre otras.

 

La cena fue en una taberna japonesa –otra de las cosas que no me quería perder en NYC-, Sake Bar Hagi. Un rincón escondido de estos que pasan desapercibidos y de los que anotas tras conocerlo. Al entrar, bajas unas escaleras y voilá “una gran salón en la parte de abajo”, lleno de japoneses –buena señal- y con un ambiente de taberna que mola mucho. La carta es inmensa, en japonés e inglés, y una no sabe muy bien qué pedir. Probamos el Okonomiyaki “japanese pancake”, servido en sartén, de extraño sabor –salsa barbacoa con jengibre-, pero con una textura muy grata, mientras más comes más te gusta; y el arroz frito con kimchi y cerdo (buenísimo).
Tras la cena, fuimos al hotel. Sobre las 11pm, llegó Eva, otra barcarroteña que se unía para disfrutar de la experiencia neoyorkina durante el finde.

 

Día 3, 27 de febrero: Brooklyn Bridge, Memorial & Museum y Pizza
El sábado fuimos felices desde que pusimos un pie en la calle; hacía un día soleado y la temperatura mucho más alta que el viernes, con lo que nuestro plan de cruzar el puente de Brooklyn y caminar largo y tendido seguía en marcha. Eso sí, el metro de NYC  es un tanto confuso y nos perdimos hasta llegar al destino, jeje… Pero, al final, allí estábamos, disfrutando de las vistas, cruzando el puente y y dirigiéndonos hasta el Memorial Museum.
Hicimos una parada para el lunch en Pronto Pizza (114 Liberty St); sitio de paso, con dos plantas y pequeñito. Por lo visto, estos locales son los buenos para probar la típica pizza neoyorquina y, sea cierto o no, el caso es que disfruté con la porción de pizza de pollo y paprika que me pedí. Estaba riquísima, cremosa, de fina masa y muy sabrosa.

 

Tras reponer fuerzas, tomamos un Uber –servicio de transporte que usamos con frecuencia, pues resulta más fácil y económico que un taxi, solo hay que tener la aplicación instalada en el android- y nos fuimos a Soho. En nuestro camino, se nos antojó un cóctel en Jack´s Wife Freda; un bistró con encanto, muy cool y de visita agradecida, donde la comida lucía deliciosa, con buenas presentaciones y de aspecto saludable. Nosotras, un cafelito, un cóctel y buena charla. Caminamos hasta llegar a uno de los sitios que más me gustó “Chelsea Market”, un lugar para pasar unas cuantas horas, curiosear y llenar la cesta con cosas maravillosas. Todo tipo de tiendas gourmets, supermercado internacional, restaurante italiano, papelerías, tiendas de ropa y joyas. Un ambiente que te hace pensar que estás en Navidad o en un cuento de hadas; sin duda, merece la pena pasarse y disfrutar de su oferta. Gracias Eva por recomendar este sitio. 
Partimos al hotel para descansar un poco y salir a tomar algo en la noche. Yo soñaba con tomar un Manhattan o un cosmopolitan al estilo de la conocida serie Sexo en Nueva York, algo que había comentado. Allí estábamos en Rudy´s Bar, como sardinas en lata, porque no se cabía. Karsen con su buena voluntad me pidió un Manhattan y mi cara al probarlo no podía ser más penosa –no me gustó nada, era puro whisky-. Así que, con un poco de incertidumbre, pues parecía ser un sitio para pedir cervezas, pedí un Margarita: tuve suerte porque estaba delicioso. El local tenía un jardín con mesitas y bastante espacioso: estuvimos allí un par de horas y lo pasamos muy bien. Mencionar que es un sitio histórico de copas en la ciudad, barato y recomendable, aunque el Manhattan no me gustara. Además, con cada bebida te daban gratis un mini hot dog puesto en el vaso, al estilo de nuestras tapas.

 

Día 4, 28 de febrero: Reencuentro, Eataly place y Magia
Un día muy especial para mí, pues iba a ver a Irma, después de 4 años en Nueva York; alguna vez lo dijimos bromeando y, ahora, es un recuerdo de un grato reencuentro. Nos encontramos a eso de las 11 y teníamos todo el día por delante. Tras un café y casi dos horas de charla, no paseamos por el barrio de Manhattan e hicimos algunas compras. Le comenté que tenía en mente llevarla a un lugar que mi amiga Kelly me había recomendado y, que si era gustosa, iríamos caminando, pues hacía un lindo día y solo estaba a unos 25 minutos a pie. Irma dijo “vamos donde tú quieras, yo encantada”.
El destino era Eataly, una pequeña gran muestra de gastronomía italiana en NYC. Llegamos a las 3.30 pm y no habíamos comido aún. Al entrar, nos maravillamos del ambiente y la infinitud de cosas delicatesen que llenan sus estanterías. No sé casi ni describirlo, es de las cosas que uno tiene que vivir en directo; chocolates, tés, galletas, quesos, aceites, fruta, carne, buen café, mini bares y restaurantes, panaderías, pasta fresca, entre más detalles y utensilios culinarios, así como libros o cervezas de lo más variopintas.
Había que almorzar o mejor dicho «hacer el drunch» allí (dinner + lunch = drunch), es decir, una merienda-cena. Tras hacer un tour, decidimos parar en uno de los bares de pasta –nos costó elegir, entre tanta oferta atractiva-. Sentadas en barra, degustamos la mejor ensalada de mozzarella que he probado, sobre espinacas salteadas y aderezada con pesto de nuez; un bocado suave, de distintas texturas y lleno de sabor.
 
También compartimos unos Gnocchis, con champiñones y crema; estaban buenos, pero le faltó más salsa y quizás un poco de parmesano rallado. Mejoraron con el chorrito de aceite, un poco de sal y pimienta que le pusimos. Eso sí, la textura y el punto de cocción perfectos.
Feliz de compartir este día con Irma y añorando sus hermanas, el clon Saenger es siempre bienvenido.

 

Día 5, 29 de febrero: madrugón, cronuts y despedida

 

Lunes, último día, pero no menos interesante. Probar los cronuts de Dominique Ansel Bakery era una meta en este viaje. Me enamoré de este concepto desde el primer día que supe de ellos, los probé en Londres e incluso los hice en casa, pero era un sueño probarlos en el lugar que fueron inventados. Los de Londres me decepcionaron y esperaba que aquí no me pasara lo mismo. Para conseguir los cronuts hay que estar una hora antes de que abra y hacer cola, además, solo puedes adquirir 2 por persona. Todo un éxito, teniendo en cuenta de que cada cronut cuenta 5 $. Nosotras llegamos a las 7.30 de la mañana y ya había gente esperando. Mientras esperábamos, una camarera nos fue obsequiando con una mini madalena recién horneada ¡Todo un detalle!
Por fin, entramos y estábamos listas para pedir. Comenté que había leído que el DKA merecía mucho la pena, así que pedimos el Cronut de Febrero y el DKA.   
El Cronut de febrero luce con un glasé de fambruesas y está relleno de chocolate y mermelada de cassis: realmente bueno, el primer bocado te explosiona en la boca, saliendo todo el chocolate y sí “nos pusimos verde” pero fue un momento brutal. El DKA es un croissant redondo y caramelizado, simple que no atrae al ser visto, pero que está riquísimo. Un lugar que espero volver a visitar, os lo recomiendo sí o sí; están inventando conceptos constantemente, entre el mundo dulce y salado, también ofrecen almuerzos.
De Washington me fui con el sabor dulce de la mejor cupcake de mi vida; de Nueva York, saboreando los cronuts ¿Cuál será la siguiente? No te pierdas mis aventuras, algún día las vivirás en directo.

 

Seguimos sumando ingredientes, construyendo nuevas recetas.

NUEVAS RACIONES, TAMAÑO XL EN BRADENTON

“Remember Happiness is a way os travel, not a destination” (Roy Goodman)

 

 Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 2

 

Tras el viaje  a Washington, regresé a Bradenton; comenzaré a contarte algunas de las peripecias que me han ido aconteciendo desde ese día 16 de febrero.Antes que nada, dejaré claro que aquí la comida principal es la cena y bastante temprana, pues suele ser entre las 17.00 y las 19.00 hrs. De hecho, algunos restaurantes de comida “fancy” -cocina fusión y más elaborada-  abren solo para la cena. Aún tengo un poco de jetlag en este sentido, pues he invertido el orden de las comidas y mi almuerzo-lunch español ahora es mi cena.

 

Ahora entiendo el porqué de los “Midnight snacks”, ese picoteo antes de irse a dormir, pues cenando tan pronto es lógico que nos entre hambre. ¡Vamos con el resumen de este tour gastronómico!
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UN VIAJE DE APRENDIZAJE Y MAGIA

They should tell you when you´re born
“Have a suitcase heart, be ready to travel”
(Gabrielle Zevin) 

 

 Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 1

 

Desde pequeña, lo desconocido, los nuevos sabores y el dejarme llevar de un lado para otro ha captado mi atención. Eso sí, reconozco que hay un antes y un después desde que un día decidí dejar mi vida en Madrid y volar a Zimbabwe (África). Una gran decisión en un pispas, para alguien que solía ser indecisa y con ciertos miedos al cambio, siempre dije “por algo será”. Ahora sé, que viajar es un ingrediente que solo puedes probar haciendo las maletas y que te enseña sabores que jamás pensabas encontrar. Sí, pasé por África, Londres… No fue fácil, pero fui logrando cada reto y eso me hace sentir bien conmigo misma. Ahora, me hallo en Estados Unidos, ubicada en Bradenton (Florida) y con ello “otro deseo que se hizo realidad, otro sueño cumplido”. Hace ya 6 años que mi amiga Margot del Blog Cosas de la Vida me regaló una libreta de los sueños y me dijo “los sueños se hacen realidad si realmente los deseas”. Qué razón tenías amiga.

 

Estoy encantada de estar aquí, dispuesta a contaros mis experiencias más foodies por estas tierras; por supuesto, dedicaré un post a las costumbres y el estilo de vida americana –desde ya, tomando nota-.

 

Primera parada: Washington DC “frío, mucho frío, pero increíble”

Para empezar, te diré que fuimos desde Bradenton a Washington en coche o como dicen por aquí, hicimos “road trip”. Visitamos los Museos y Monumentos más destacados de la ciudad, National Archives, The White house, Washington Monument, entre otros. Los descansos los fuimos haciendo en los coffee shop de paso y los almuerzos fueron ligeros, sándwiches o snacks. Las cenas tempranas y más contundentes, destacando el brunch del domingo y la merienda que no olvidaré jamás. De este viaje, destaco 4 cuatro #gastroexperiencias que paso a resumirte.

 

Plan B Burger Bar, 801 Pennsylvania Ave NW; un local taberna/bar con cierto glamour y perfecto para una cena a gusto de todos, ya que puedes optar por burgers, sándwiches, platos combinados, pies, pasta… Yo probé la CUBAN BURGER y disfruté muchísimo. Con el pan invertido, carne de cerdo, bacon, mostaza, cheddar y especias. Al primer bocado, dije “de las mejores que probé”.
And Pizza, 1005 E St NW: pizzas rectangulares, hechas al momento y a modo show cooking, puedes optar por las establecidas o crearte la tuya propia, con los ingredientes que más te gusten. Probamos The OG (de tomate, albahaca y mozarella), Pizza REUBEN y a tu manera.
Martin´s Tavern, 1264 Wisconsin Avenue NW: rincón mítico desde 1933 en el barrio de George Town para disfrutar de la comida americana, a unos 20 minutos andando de la Casa Blanca. Fuimos el domingo y cómo no disfrutamos de un Brunch en la taberna. Bloody Mary y Mimosas (Champagne con zumo de naranja) como bebidas, café americano y menú a la carta. Yo me decanté por las French Toast, las vi en la mesa de al lado y me llamaron la atención. Te las sirven con huevos, bacon o carne, mermeladas y sirope. Muy buenas, pero hasta hoy día, la mejor tostada que probé fue en Pamplona. Sitio ocupado, servicio excelente y un ambiente recomendable.
Baby Wale, 1124 9th St NW, Washington: restaurant pub alternative con buena oferta gastronómica,platos internacionales y cócteles. De aquí, destaco el entrante de mozzarella envuelto en kataifi, con salsa de tomate y albaha. Crujiente, picante, cremoso; sin duda, otra idea bien cocinada.
Georgetown Cupcakes, 3301 M Street (corner of 33rd & M): Karsen, mi amiga americana-española y quien planeó este viaje, me dijo que tenía que probar las cupcakes de este lugar. Llegamos al local y la cola se extendía a lo largo de la calle, pero hicimos cola y tras 25 minutos conseguimos entrar. Las hermanas Katherine Kallinis Berman and Sophie Kallinis LaMontagne, abrieron el obrador en 2008 y el éxito ha sido rotundo. Ahora entiendo por qué. ¡Conseguí una foto con las propietarias y mis amigas jejeje!
Elegí la Red Velvet Swirl Cheesecake, una de las nuevas y me la comí de camino a Bradenton. Mi despedida no pudo tener mejor sabor, no puedo casi describir lo que sentí tras dar el primer bocado, me enamoré de la textura, el sabor, el aroma, todo. La verdad, me sorprendió, no quería terminarla: base de galletas, crujiente, bizcocho esponjoso red velvet -2 colores, sabor, fresa, nata, vainilla, chocolate blanco- y el frosting de crema de queso, suave, cremoso. Un bocado perfecto.
Hasta aquí mis paradas gastronómicas en un Washington congelado, donde creí perder mis manos, del frío que pasé, pero donde lo pasé pipa y he aquí el resultado.
El viaje continúa, espero que me acompañes.
Un abrazo desde Bradenton, Florida.

 

PASTELERÍA MARABÉ “DULCES ARTESANALES”

Recuerdos y sabores de infancia en Barcarrota, Extremadura

La niñez es una de las etapas más bonitas y anheladas que tenemos –o así debería ser, soy consciente que no todo el mundo crece en las mismas circunstancias-.

Es donde nuestros sentidos despiertan, empezamos a conocer sabores, aromas, a saber lo que nos gusta y lo que no.

Con el tiempo, vamos acumulando sensaciones y construyendo un baúl lleno de recuerdos, de aprendizaje que no deja de evolucionar. ¿Cuántas veces un sabor/aroma te ha hecho viajar al pasado? Estoy segura que haces estos viajes en más de una ocasión. Pues bien, esta es una de las cosas que me gusta de la gastronomía, nos permite “viajar a través de los sabores, no solo en el espacio, si no también en el tiempo”. Es un regalo, un juego de sensaciones.

 

En mi caso, el sabor de la infancia es bastante dulce; sí, era muy golosa –aún lo sigo siendo-, pero los pasteles de mi pueblo tienen parte de culpa. Hoy, tengo el gusto de presentarte al artífice de estos dulces, a quien tuve el placer de entrevistar hace unos días en el obrador: Aniceto Marabé.

 

Tras un mini tour por la pastelería, que me encantó, pues hacía años que no entraba más allá del mostrador, nos sentamos en la camilla y entre dulces y libros –luego te explicaré por qué- comenzamos a charlar.

 

Entrevista a Aniceto Marabé, pastelero y dueño de la Pastelería

 

¿Cuándo abrió la pastelería? En 1922, la fundo mi abuelo Juan Marabé Rodríguez, luego mis tíos Calisto y Manolo siguieron con el oficio hasta delegarlo en mí.
¿Cómo empezaste a introducirte en el mundo dulce? Estoy en el oficio desde los 9 años, pues era el negocio familiar y había que ayudar. Estudié veterinaria, pero a los 24 años aposté por seguir con la tradición y, desde 1988, regento la pastelería Marabé, junto con mi mujer Pilar.
De todos los pasteles, ¿Cuál es el rey para los clientes? Actualmente es la lengua de vaca, aunque por muchos años fue el hueso de santo ¿Y para los turistas? Uy… depende de dónde sean, por ejemplo, para los clientes de Salvaleón “los piononos”, de Higuera de Vargas “merengues”, de Valverde “huesos de santo”…
¿Qué caracteriza al sabor de tus pasteles y cuáles son los ingredientes básicos? El horno de leña – sus tiempos de cocción y los aromas que se generan-y el tiempo –sin prisas- dan a mis dulces un sabor especial. Los ingredientes de base son harina, huevo y azúcar. No utilizamos ningún tipo de conservantes ni colorantes.
Desde pequeña he saboreado los mismos pasteles ¿Alguna novedad? Las milhojas de trufa y crema, el tiramisú, la manga olivera de crema, nata y yema, las palmeras de yema, los fosquitos y las flores de hojaldre ¿Cómo aceptan los clientes los cambios? Bien, cuando ven alguna novedad les gusta y la prueban, pero luego vuelven a los tradicionales, salvo la milhoja que ha sido un triunfo.
¿Piensa incluir alguna elaboración nueva este año? No lo sé, eso es inspiración, jeje… Siendo pastelero, supongo que estará al día en cuanto a novedades se refiere ¿Alguna preferencia? No, solo acostumbro a probar los pasteles típicos de cada lugar cuando viajo.
¿Con qué nos aconsejas tomar tus dulces?  Un vaso de leche del tiempo, sobre todo, si vas a probar más de uno, te prepara el paladar para la cata del siguiente y te ayuda a captar los sabores limpiando la boca entre un bocado y otro.

 

Por último, ¿Alguna apreciación? ¿Crees que alguien de tu familia seguirá con la tradición familiar? Te diré Raquel que es muy difícil que este tipo de negocios persista, requiere mucha dedicación y tienes que sentir la profesión. Además, las exigencias sanitarias –muchas veces excesivas- complican mucho el proceso; yo ya tengo la carta de alérgenos y todas las personas pueden pedirla cuando vengan a comprar los dulces, pero no olvidemos que los primeros que deben tener el conocimiento de qué tienen o no que comer son los clientes. Nuestros pasteles son 100% naturales y los hago exactamente igual a como los hacía mi abuelo. Dos horas conversando, una tarde muy entrañable  y contenta de intercambiar opiniones con Aniceto y Pili, su mujer.
Los dulces de Marabé son únicos y, para mí, muy especiales, porque me recuerdan buenos momentos; tengo suerte de que se sigan haciendo, pues cada vez que los como saboreo “los recuerdos de la infancia” y eso es un inmenso placer.  Crecí con ellos, eran mi merienda predilecta, con ese vaso de leche y en casa de mi abuela Salvadora –que vive enfrente- y mis desayunos en esos descansos del instituto. Todos están riquísimos, cada uno a su manera, pero mis pasteles preferidos son la lengua de vaca –de pequeña el huesito- y la milhoja. También hacen bollería, destaco las Isabelas –con yema y coco- y en Navidad, su mazapán y sus polvorones no dejan a nadie indiferentes.

 

Doy fe de que todo aquel que prueba estos pasteles, repite. No faltan en cumpleaños, fiestas y encuentros familiares; en Barcarrota sabemos cuanta dulzura nos brinda Marabé ¡Un lujo que esperemos persista durante mucho tiempo! Gracias y enhorabuena amigos.
Antes de despedirme, te diré que tuve ocasión de ojear unos libros que son verdaderas joyas de la historia de la pastelería: El formulario Práctico del Pastelero (1933, edición Bolsillo), Pastelería Mundial y los Helados Modernos de Ignacio Domenech –con reseña de José Zorrilla- (1922) y La Decoración en Pastelería de Jaime Sabat Aumasque (1ª Edición, 1954).

 

Pastelería Marabé
C/ Monte, 15
Barcarrota (Badajoz)
Tel. 924 73 62 32

IZAKAYA HARAMAKI, TAPAS NIPONAS EN BADAJOZ

 

Una forma distinta de tapear “con palillos”, al estilo oriental

La ciudad pacense es “pro” tapeo total, pues irse de tapas es costumbre arraigada y muy practicada, sobre todo a partir de la primavera, donde las terrazas empiezan a ser protagonistas.

Las tapas más fiesteras suelen ser las de ibérico, acompañadas de los quesos de la tierra y otras elaboraciones típicas extremeñas, pero hoy –si me permites- te recomendaré un picoteo diferente y, la verdad, sorprendente.

Se trata de la experiencia que ofrece la taberna japonesa que hay en la localidad pacense, Izakaya Haramaki. Antes de entrar en detalle, haré mención a algunas cuestiones que creo oportunas en el menú de hoy.

Las “izakayas” son bares populares en Japón, frecuentados para tomar algo tras el trabajo, digamos que son similares a nuestros bares de tapas; tabernas japonesas.
Si nunca has ido a un japonés, nunca es tarde para probar algo distinto y aprender aspectos culinarios de otras culturas, no hay que tener reparo ni vergüenza a no saber cómo actuar en este tipo de locales, siempre hay una primera vez. Lo suyo es comer con los palillos y resulta muy divertido hasta que le pillas el tranquillo; si no, no te preocupes, también hay cubiertos, aunque, a falta de palillos, mejor tomar el sushi con las manos –en su cultura está permitido-.

 

¿Qué debes tener en cuenta si vas a un restaurante japonés?
1. Los palillos jamás se pinchan en el bol, si no los estás usando se dejan en el hashioki, pequeñas piezas de cerámica donde reposan los hashi (palillos). Me llamó la atención que en Izakaya Haramaki no los pusieran, pues es algo que no falta en las mesas niponas.
2. El sushi no se baña en el cuenquito de soja (se deshace y se llena todo de vagos de arroz); hay que pasarlo por el lado de pescado o mojar levemente antes de llevarlo a la boca.
3. No solo hay cosas crudas, se puede comer sushi en tempura (pankomaki), además de muchas otras elaboraciones; un tapeo saludable y ligerito.
4. Los japoneses suelen tomar el sushi con sake (licor de arroz fermentado) frío o caliente o con té verde. También es recomendable con cerveza, la japonesa Asahi por ejemplo. Yo lo tomé con un verdejo y me gustó mucho.

 

Ahora sí, paso a detallarte cómo fue mi visita en Izakaya Haramaki. Te diré que fui con mi madre, que jamás había probado la comida nipona, ni comido con palillos, pero ole ole “reto superado”.

 

Nuestro Menú en plan “tapas”
 
Gyozas de carne (empanadillas japonesas): estaban deliciosas, aunque con poca carne, me dio la sensación de que eran vegetales. La salsa agridulce con la que las acompañan es muy rica. 2´25€/2 ud
Pankomakis (rollos de sushi rebozado en panko –pan rallado japonés); optamos por los hosomakis de salmón y philadelphia. La presentación me hizo salivar, conquistándome desde el primer momento, y el bocado me enamoró por completo. Ese quinto sabor “umami” está presente, envuelto de texturas, cremoso y crujiente; una tapa que te recomiendo, la vas a disfrutar de lo lindo. No es necesario mojar en la salsa, es complejo. 5´40€/ 6ud.
Berenjena en salsa miso: feliz de decidirme por esta tapa, jamás había probado la berenjena –una de mis hortalizas favoritas- de tal forma. Es una explosión de sabor y realmente una delicia en boca. Hay que quitarle la piel y comerse la carne, que se deshace tanto que, en boca, recuerda a la crema de un pastel. Su sabor es peculiar debido a la salsa miso (a base de soja fermentada) y me comentaron que la hacen frita (pensé que era a la brasa, pero no, jeje). Mi error fue no pedir un cuenco de arroz gohan, imprescindible en cualquier mesa japonesa, porque hubiera sido perfecto con estas berenjenas. Si vas, no dejes de pedirlo.  2´25€/2 ud.

 

No tomamos postre, pues el café nos estaba esperando en otra parte, pero he de decir que tanto mi madre como yo salimos encantadas de Izakaya haramaki, con esa sensación de querer volver para seguir probando la carta. Además, la atención del personal acompañó, nos sentimos muy cómodas y la chica que nos atendió fue muy amable.
Por tanto, recomiendo esta experiencia al 100%; genial que en Badajoz podamos tener esta opción de viajar a Japón con un tapeo variado y de calidad.

 

Observaciones: puedes comer tapas en las mesas altas o pasar al comedor-restaurante, para una comida más pausada. Por cierto, tienen la carta homologada en base a ley de alérgenos Reglamento 1169/2011 que entró en vigor el 14 de diciembre de 2014.
Salud, cheers o Kanpai (brindis a la japonesa)

 

Izakaya Haramaki, bar de tapas
Avda. Villanueva, 5, 06001 Badajoz.
Teléfono 924 238 198
Precio Medio: 10 a 12 € -tapas-

CHANTARELLA, TAPAS CON SABROSURA EN BADAJOZ

Buscando bares par un tapeo recomendable en Extremadura 

Ya lo sabes y, si no, te lo cuento “soy extremeña, más concretamente barcarroteña” y muy orgullosa de haber nacido en esta tierra tan rica; de calidad de gente, de buena materia prima y excelentes paisajes, siempre con nuestra dehesa como hábitat más preciado.
Dejar atrás Madrid, pasando por Zimbabwe, Londres y regresar a mi tierra no fue fácil en un principio; una se adapta a la vida con prisas, a la oferta global de las grandes ciudades y su diversidad gastronómica. Pero, estar aquí “asentada” me ha servido para ver cómo estamos avanzado: las nuevas tendencias están llegando, la restauración está en evolución y, si seguimos así, estoy segura que vamos a conseguir que nuestra cocina esté en el lugar que debe estar. La calidad de nuestros productos es inmejorable ¡Solo nos falta creer en nosotros y saber vendernos!

 

Cómo no, sigo siendo una foodie en evolución, una #gastrohunter siempre en busca de nuevos sitios para comer y, en este sentido, el tapeo es uno de mis hábitos favoritos cuando entro en acción. Hoy, te contaré mi última experiencia entre tapas en Badajoz, en el Restaurante Chantarella.

 

Buen hacer, buena mesa y alguna que otra sorpresa

 

Tengo varios sitios pendientes en la localidad y Chantarella (Av. Sinforiano Madroñero, 15) era uno de ellos. Finalmente, el pasado 9 de enero estuve cenando allí. De decoración sencilla, aspecto de taberna y con dos plantas, el local es cálido y con buen ambiente. En cuanto a su oferta gastronómica, ofrece una cuidada selección de tapas de autor con productos locales y de temporada que oscilan entre los 4 y 5 €. Tenía claro que quería probar el risotto de ibéricos –me lo habían recomendado- y, siguiendo los consejos del camarero, nos decantamos también por los creppes chantarella. Entre otras tapas de interés, el solomillo ibérico Wellington con Torta del Cásar y el atún rojo con frutas.
El risotto de ibéricos está buenísimo, muy sabroso, cremoso, con panceta, chorizo y jamón. No le puedo poner ninguna pega; sin duda, uno de sus platos estrella que debes probar si les visitas.  
El creppe estaba bueno, pero no sorprendente; con un sabor suave a la seta que le da el nombre “chantarella”, cremosa bechamel y piñones. Le falta potencia en sabor y la presentación es mejorable, pues parecían más unos canelones que unos creppes. Eso sí, me gustó no ver la reducción de Módena en el plato; estoy aburrida de ver cómo la mayoría de los bares pacenses riegan el plato con la reducción de bote (se puso de moda y, aunque no venga al caso, en cuanto ponen algo de verde, pufff… hilo de balsámico).

En esta ocasión, queríamos una cena ligerita y dejar hueco para el postre, pero nos quedamos con ganas de probar más tapas: son de calidad, diferentes y, por supuesto, volveré para seguir disfrutando de sus platos.

Antes del postre, me gustaría hacer hincapié a la atención recibida, pues es un sitio en el que una se siente a gusto y bien atendida.

Ahora sí, llegó el turno de la sorpresa que se presentó en versión dulce, porque esa noche estábamos de celebración cumpleañera y había que sorprender al homenajeado, Gonzalo. Cuando hice la reserva, comenté que me gustaría que uno de los postres estuviera pintado con chocolate con un feliz cumpleaños o algo así. Temía que se hubieran olvidado, pero no, la tarta de tres chocolates llegó marcada y Gonzalo acabó sonrojado, jajaja…

La tarta tipo flan (4€) estaba rica, perfecta en su elaboración, textura; si eres flanero, te la recomiendo.

Yo me decanté por la crema catalana (4€) y fue todo un acierto; nada más verla, me gustó mucho la presentación, en cazuelita y con una quenelle de nata montada. Tras la primera cucharada, me enamoré de su sabor aromatizado con ralladura de naranja, acompañado por el crujiente del azúcar caramelizado. Lo primero que pensé es “tengo que venir con mi madre, tiene que probar esta delicia” y es que esta versión de crema catalana es una de las mejores que he probado.

Sin más, dar la enhorabuena al equipo de Chantarella, pues que en Badajoz tengamos un sitio así de tapas es un gustazo y estoy segura que seguirán sorprendiéndonos, está en pleno rodaje. Si quieres disfrutar de un tapeo distinto y de calidad, este es el sitio. Te aconsejo acompañarlas con un vino de la Tierra, de la Ribera del Guadiana.
No me olvido de citar a Restaurante Gladys, dieci9 del Tesso, Izakaya Haramaki, La churrasquería… pues son pendientes que irán cayendo poco a poco y ya los tengo fichados.

 

Restaurante Bar Chantarella,
Av. Sinforiano Madroñero, nº 15
Badajoz. Telf. 924 47 94 81

http://www.restaurantechantarella.es/