La Sonrisa Comestible

¿Ein? ¿Ahora se comen las sonrisas? He pensado unos instantes en aquello que quiero contar y, sin más, ha salido este título; seguro, cobra sentido con el hilo de las palabras.

La semana pasada, retomé un poco los viajes, las comidas fuera, el romper la rutina, el tomar café sola mientras chequeo la agenda del día en cualquier cafetería al paso de la estación a destino. Poco a poco, con extraña normalidad, todo comienza un nuevo rumbo.

Mientras iba en el AVE a Barcelona, eché un vistazo a los restaurantes cerca del centro BCN Masterd (aunque, esta vez dije, tomaré algo donde me lleven y que esté cerca), uno me llamó la atención “El Ñaño Caminito Guayaquil”, en Calle de Aragón, 54, lo retuve. Llegó el mediodía, mi compañera no tenía preferencias y el Ñaño no se hizo mucho de rogar. Allí nos dirigimos, sin reserva; hubo suerte y, aunque estaba casi lleno, nos dispusieron una mesa.

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