Los rollitos ya no son de primavera, son Virtuales

¿Me echaste de menos? Probablemente no, yo tampoco, jajaja… Si no pasa nada, ya sabes, los domingos cae tajada sinestésica; algo pasaría los dos últimos findes para pasar del tema. Sí, así fue, pero bueno, lo importante es que ya estoy de vuelta, dispuesta a conservarte durante 5 minutos que es lo que te llevará esta lectura. No traigo sitios nuevos hoy, traigo pensamientos, actualidad, rollitos de aquí y de allá.

La revolución digital está servida y es increíble como ha pasado a formar parte de nuestras vidas, hoy hasta las abuelas whatsappean y eso ya nos dice bastante. El móvil es una conexión abierta y sin límites, se ha convertido en nuestra pareja personal y profesional. Se te puede olvidar cualquier cosa, pero el móvil, el móvil, va contigo, lo tientas y, si está, vas tranquila, si no, te apuesto lo que quieras a que te das la vuelta. ¿Has probado a estar sin smartphone en tu rutina – no en vacaciones ni nada de eso, eh-? Prueba y verás, te sientes rara/o, algo te falta o mejor dicho “no estás en la onda, estás desconectado” ¡Vaya por Dios!

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DULCE REMINISCENCIA

Pestiños Extremeños 

Supongo que todos tenéis, en
vuestro baúl de la infancia, dulces y salados recuerdos, más o menos similares,
según tradición, localidad, época… Así, el típico bocata de nocilla, las
galletas con mantequilla, las rosquillas… Aquellas esperadas meriendas que,  tras la escuela, nos daban energía para no
parar en toda la tarde. Nos olvidamos de muchas cosas, pues son muchas experiencias, que están ahí, forman parte
de nosotros y es fascinante como los sabores pueden trasladarnos a ellas. Así
que, los sabores son buenos compañeros de viaje, desplazándose
en tiempo y espacio. 
Todo esto viene porque, hace unas semanas, volví a comer los
típicos pestiños de mi pueblo ¡me encantan! Cada zona los elabora de una manera
y, como soy golosa, todos me suelen gustar, pero éstos son mis favoritos.
Comerlos me trajo dulces reminiscencias, entrañables tardes en familia, yendo
aquella orza del altillo, para pillar uno más.

Y, he aquí, este escrito, esta
apreciación sobre el poder de los sabores. Afortunada fui, porque, no sólo los
comí, sino que, esta vez, también pude aprender a hacerlos, en familia y a la antigua
usanza, en la casa del campo. Hay muchas recetas en la red, pero todas
distintas y con sus matices, así que, hoy, por si queréis entrar en faena, aquí
os la dejo:

Receta Pestiños Extremeños (Barcarrota, Badajoz)
Ingredientes
3 kg de harina
1l de aceite de oliva y otro de girasol
1 paquete de canela en rama
60 grs. de matalauva (2 botecitos)
60 grs. de clavo
2 vasos de Anís
½ l de miel
200 grs. de azúcar
1 litro de agua
Cáscara de 2 naranjas y un limón
Elaboración

Infusión aromática: en un
cazo, añadir el litro de agua, junto con un bote de clavo y el de matalauva, 2
ramas de canela, y la cáscara de una naranja y medio limón. Llevar a ebullición
y retirar sin dejar que hierva, reservar hasta enfriar. Haremos lo mismo con el
litro de aceite de oliva, es decir, lo pondremos al fuego con las especias (1
bote de matalauva y de clavo, canela en rama) y las cáscara de naranja y limón.
En este caso, no se debe llevar a ebullición, si no que se calienta a una
temperatura media hasta que la cáscara de naranja esté tostada. Retirar y dejar
que atempere un poco.

Jarabe de miel y anís: calentar
el anís junto con la miel hasta que empiece a hervir. Retirar y reservar para
enmelar los pestiños.

Masa de pestiños: en un bol
grande o mejor un baño, incorporar el harina y añadir el aceite infusionado aún
caliente (ya colado), mezclando con cuchara de madera. A continuación, añadir,
poco a poco, el agua aromatizada, para ir trabajando la masa. Hay que amasar
bastante hasta que la masa no se nos quede pegada en las manos, para poder
formar los pestiños fácilmente y evitar que se abran al freírlos. Cuando esté,
nada más queda darle formas y, ya sabéis, según os guste, pero aquí, en mi
pueblo, son como tirabuzones.
Finalmente, freír los pestiños en abundante aceite de girasol. Una vez
fritos, enmelar, escurrir y pasarlos por el azúcar.

Os animo a hacer esta receta y mejor en compañía; pasaréis un buen
rato y los haréis mucho más rápido, porque una vez que os ponéis, es
aconsejable hacerlos con estas cantidades (con los 3kg de harina, salen unas 8
docenas). Los pestiños se conservan muy bien, es más, a los 3 o 4 días estarán
mucho mejor, pues están más rendidos y todo le sabe mejor.
Observación: hay a quienes
les gustan muy hechos y a quienes, como es mi caso, nos gustan un poquito “cruditos”
por dentro. Pues bien, no es cuestión de que estén más o menos fritos, si no
que el truco está en la forma que tengan. Si nos gustan más jugosos, hacerlos más
gorditos; más secos, más aplastados y finos.
Me gustó volver a comer pestiños, volver a recrear en mi mente
aquellas tardes de verano, en el campo, revoloteando con mis primos y yendo con
la sonrisa a pillar uno de aquellos pestiños. Un brindis por las dulces
reminiscencias, siempre tan bienvenidas y apetitosas. 
PD: curiosamente, encontré una receta de pestiños en inglés, en su versión jerezana.
Y nada más, no seais pestiños y sonreír a la vida.